Capítulo 3
Respiró la desesperación, el miedo ardía en sus venas. Su único amigo en la línea de fuego. Corrió hasta donde le permitían sus cortas piernas. Ahí estaba él, plantándole cara a la bestia. Las maldiciones pasaron por todos lados, la oscuridad invadida por los haces de luces, el silencio corrompido por los gritos de desesperación y la paz quebrada por la muerte. —¡¡¡¡¡Dave!!!!—. Un grito atorado en la garganta, el cuerpo destrozado y lleno de sangre. Los ojos sin vida, sin brillo. Por su culpa él estaba muerto... Despertó temblando y empapada en sudor, tenía ganas de llorar. Andrea se dio la vuelta, quería volver a dormir. Era temprano para salir de la cama y cuando los primeros rayos del sol le dieron en el rostro, se levantó para darse un baño; al estar lista, se quedó un rato en la sala común mientras esperaba a sus amigas. En Hogwarts, todo tipo de murmullos corrían y, aunque trató de ignorarlos, le fastidió que la señalaran; algunos se atrevieron a preguntarle acerca de la bata...