Capítulo 8

         En colaboración con Mariana Sánchez. 



           ―Wood tiene la quaffle; va disparado hacia los aros. Hace un bonito quiebre… ¡CUIDADO! Casi lo golpea una bludger, pero es impresionante la habilidad de este muchacho. No se detiene; el guardián se lanza a la desesperada y… ¡ANOTA! ¡GOOOL DE CRISTIAN WOOD! El Puddlemere United va ganando y se perfila a la gran final.

            Gritos de felicidad se escucharon cuando el buscador del Puddlemere United logró atrapar la snitch; cuetes, porras y rimas graciosas estallaron. Estaban en la final de la liga inglesa. Cristian, con una sonrisa en su rostro, bajó de la escoba triunfante mientras que su equipo lo iba llenando de felicitaciones. Logró salir de entre sus compañeros; tenía la frente llena de sudor, pero al percatarse de una cabellera castaña y, antes de que tuviera tiempo de pensar en algo, sintió esos labios que tanto adoraba besar con ahínco. 

            ―Felicidades, amor. ―Felicitó Mariana; ella también estaba feliz por el triunfo.

            ―Vendrás a la final, ¿cierto? 

            ―¿Podré traer a mis amigos?

            ―Por supuesto, entre más vean lo genial que soy, mejor.

            ―Podría hacer una prueba a tu saeta. —El chico soltó una carcajada ante la insinuación; la besó de nuevo y la abrazó.

        ―Se me ocurren muchas cosas que quiero hacerte —susurró en el oído―. Vamos a los vestuarios; tendremos privacidad. —Mariana asintió y se dejó guiar por él. 

            Al estar a solas, y sin decir una palabra, ella empezó a besarlo con ganas, mientras que entre besos él murmuró un hechizo silenciador y trabó la puerta.

            ―Te extrañaba —gruñó acorralandándola contra un locker.

            ―¿Por qué usas tanta ropa? 

            ―Para que sea más entretenido. 

            Le besó el cuello; le quitó el abrigo y luego la blusa. Desprendió el sostén con una mano; Mariana pensó decirle algo sobre la experiencia, pero era más entretenido quitarle el pantalón. Cristian suspiró contra su piel cuando por fin la tuvo desnuda; había extrañado ese cuerpo pequeño y delicado contra el suyo. 

            ―Me quedan unos minutos antes de que vengan los demás.

            ―Podremos esperar. —Consoló ella intentando sonar convencida.

            ―Espero. Por cierto, te tengo una sorpresa. 

            ―¿Qué es?

            ―Bastaría con decirte que muero por estar a solas contigo; honestamente este no es un buen lugar.

            ―Es irónico que lo digas.

        ―Es que no me apetecería ver fotos de nosotros, haciendo el amor, en primera plana del Profeta. No quiero que nadie más te vea.

            ―Eres muy posesivo. 

            ―Nadie más puede tener este privilegio —dijo mientras se vestía con rapidez.

        Mariana también se vistió con rapidez; el resto del equipo entró. Diez minutos después, los jugadores salieron; Cris vio a su novia y la tomó de la mano, pero antes de que pudiera decir o hacer algo, una bola de luz blanquecina apareció ante ellos: Mensaje urgente del ministerio; se escuchó.

            ―Espérame aquí, necesito responder esto —mencionó ante la mueca de fastidio que había puesto él. Luego lo besó. 

        Se alejó para tener privacidad y escuchar el mensaje de su jefa. Al parecer necesitaba, con urgencia, unos papeles que, por suerte, llevaba consigo en su portafolio. Bastó un hechizo reductor para poderlo guardar en su abrigo; cuando se estaba preguntando cómo enviaría esos informes apareció Tarrant, su fénix.

        ―¡Vaya! Parece que Miranda quería asegurarse de tener estos papeles en sus manos. —Rio; acarició a su ave y le ató con cuidado los pergaminos. 

        Cuando lo perdió de vista, regresó a los vestidores. Una fanática besaba a su novio de una manera tan entusiasta; al parecer él no parecía tener algún tipo de intención de alejarla. Correspondió el beso y las caricias hasta que notó la mirada, molesta y decepcionada, de su novia. Mariana no pretendía hacer una escena mayor de lo que ya había visto, por lo que dio media vuelta, pero el chico fue rápido para tomarla del brazo.

            ―Déjame explicarte.

            ―¿Explicarme? ¿Explicarme, qué? ―Se sentía molesta, sin embargo, no alzó la voz en ningún momento―. ¿Cuántos años crees que tengo? Lo que acabo de ver no necesita explicación alguna.

            ―No es lo que estás imaginando.

            ―¿No? ¿Qué fue lo que vi? ¿Un unicornio? 

            ―No pasó nada.

            ―¿Sabes qué? Mejor déjalo así, me voy.

            ―No, espera. No te vayas por favor.

            Salió del estadio; Cristian trataba de alcanzarla. Aficionados esperaban ver a los jugadores, en su totalidad eran chicas; también los esperaban los reporteros que, al verlo, comenzaron a tomarle fotos.

            ―No te vayas, a ninguno nos conviene un escándalo.

            El rostro de Miranda Cavanaugh apareció en la mente de la bruja. La imagen que debía cuidar; la de ella, la de su jefa y la del departamento. No podía permitirse que se manchara por un escándalo tan tonto como ese; respiró hondamente tratando de controlar sus emociones. Tomó la mano que le ofrecía el chico y se enfrentaron a la muchedumbre.

            ―Wood… El Puddlemere United llegó a la final de la copa, ¿cómo te sientes al respecto?

            ―Esa copa ya tiene nuestro nombre desde el inicio de la temporada.

            ―Hay el rumor de que estás a punto de jugar tu último partido con ellos, ¿es verdad?

            ―El Puddlemere United no es nada sin mí, pero si me llega una oferta no dudaría en irme. Soy el mejor de la liga —respondió con una sonrisa arrogante.

            ―Se acerca la copa mundial, ¿esperas que te llamen para representar a Inglaterra?

            ―Esa pregunta sobra. 

        ―Tú eres Mariana Somender, ¿cierto? —preguntó de pronto uno de los reporteros. Ella se mantuvo en silencio durante toda la entrevista.

            ―Eh sí, pero…

        ―¿Es cierto que el Ministro de Magia está preocupado por la posible ruptura de relaciones con otros países? ¿Qué tal van las pláticas con los demás ministros?

            ―Me atrevería a decir que el ministro siempre ha estado preocupado por conservar la diplomacia entre los países. Mantener la cordialidad ha sido prioridad.

            ―También sabemos que Connor Reed sigue desaparecido, y hay rumores de que sobrevivió y está en otro país. ¿Cómo lo maneja tu departamento? —El quidditch perdió interés, los reporteros hicieron a un lado a Cristian para saber más sobre ese asunto.

            ―El departamento busca, mediante los mejores acuerdos, llevar a cabo la necesaria cooperación para encontrarlo, en caso de que no se encuentre dentro de la jurisdicción territorial de nuestro país. 

        ―¿Entonces es cierto que el departamento de Cooperación Mágica Internacional, de alguna manera limpia el desastre que deja el Departamento de aurores?

            ―Cada auror está calificado para hacer su trabajo y con el cuidado debido para no romper ningún tipo de estatuto o jurisdicción; el Departamento de Cooperación Mágica está al tanto de los procesos, y en caso de que esa ocasión se presentara, actuarán de la mejor manera posible.

            Otro reportero estuvo a punto de hacer otra pregunta, pero los aficionados lograron llegar hasta donde se encontraban. Varias chicas se acercaron a él para pedirle un autógrafo, estaba encantado de tener la atención. Mariana sonreía de una manera creíble manteniendo su agarre del brazo de su novio. Los reporteros no pararon de tomarles fotos; firmaba retratos suyos sin quitar su sonrisa arrogante. Después del pequeño incidente con los reporteros y las fans, Cristian tenía las intenciones de pasar un momento romántico, pero el plan se estaba yendo por la cañería. 

            ―¿Sigues molesta? Olvídalo porque te tengo una sorpresa. 

            ―Esto no funciona.

            ―¿A qué te refieres?

            ―Sé que eres un jugador reconocido, que habrá chicas que quisieran meterse a la cama contigo, pero… ―Hizo una pausa―, antes de que me interrumpas. —Aclaró al ver las intenciones del chico—, quiero decirte que me he esforzado. También tengo una vida y te quiero, pero no podemos seguir ignorando estos detalles que, cada vez son más aparentes, suceden con mayor frecuencia. No puedo seguir esperando y esforzándome para que tú sigas comportándote así.

            ―No entiendo.

            ―¿Qué es lo que no entiendes?

        ―No entiendo por qué me estás diciendo esto si no hice nada —respondió con un toque de inocencia en su voz—. Yo te quiero y no veo razón para que digas que algo anda mal.

            ―Dejaste que te besaran —exclamó con molestia—. No vi que lo impidieras.

            ―¿Otra vez con lo mismo? Ya te dije que yo no hice nada; deja de hacer un drama dónde no lo hay.

            ―¿De verdad? —preguntó con sarcasmo—. ¿Por quién me tomas, Cristian? ¿Te parece que soy una de esas chicas? ¿de esas sin cerebro que buscan saber lo que hay en tus calzones?

            ―No quise decir eso, sólo que ¿por qué simplemente no lo puedes olvidar y ya?

            ―Es que siempre trato de olvidarlo, pero no sirve de nada porque es cuestión de tiempo para que nos vuelva a pasar, Cristian. Ya déjalo así —mencionó con cansancio—. Estoy segura de que disfrutas que alguien más te ponga la mano. 

            ―¿Qué me dices tú? —espetó furioso—. ¿Acaso te reclamo cada que algún imbécil se te acerca? ¿O cuándo aprovechas mi, momentáneamente, distracción y hablas con cualquier tipo? No, ¿verdad?

            ―¿Te parece que me estoy quejando? ¿O que me aprovecho? —preguntó ya fastidiada—. Además, yo no te he hecho tal bajes.

            ―Eso dices… ¿Qué haces metida con tantos magos extranjeros, eh? Según tú sólo son charlas, ¿no? Porque debes estar muy ocupada con ellos para que ni siquiera te dignes en ir a los juegos de tu novio y apoyarlo. ¡Ja! Qué irónico ¿no?

            ―Se trata de mi trabajo, por eso estoy metida entre tantos magos. —Rodó los ojos ante eso, ya estaba comenzando a perder la paciencia—. A diferencia de ti, señor súper campeón, hay temas delicados que no se pueden tratar a la ligera. 

            »No es como andar volando por ahí y anotar puntos. El mundo depende de muchos tratados diplomáticos de los que, tú, no tienes ni una bendita idea. Yo te he dado tu lugar, lo cual sí es irónico.

            —También hago mi trabajo; no es fácil volar y anotar. Pero está bien si lo quieres creer así. Un trato cualquiera lo hace.

            ―No sé por qué no me extraña que digas esto. Ya que cualquiera puede hacer un trato hagamos uno, ¿te parece? ¿Quieres trabajar? hazlo, tú haces tu trabajo y yo hago el mío, pero terminamos. —Dicho eso, Mariana salió enfadada y dolida; sólo desapareció. 

[***]

Era bastante tarde y Andrea se encontraba detrás de su escritorio; revisaba trabajos de los aspirantes. Nunca se imaginó ser profesora y ahora estaba a cargo de la academia de aurores. No se quejaba; podía demostrar qué tan buena hechicera era sin necesidad de formar parte de tantos problemas o escándalos. Tanto trabajo no le permitió pensar en Alexander; las cosas entre ellos seguían del mismo modo: ninguno mostró las ganas de dar su brazo a torcer. Hizo anotaciones en los pergaminos que no se dio cuenta de que alguien la observaba, hasta que escuchó un ligero carraspeo. 

            ―¿Andrea Green dando clases? No creí ver algo semejante. 

            ―Te estabas tardando en venir a burlarte. ¿Quién te ayudó a aprobar Runas antiguas? 

            ―Tú me ayudaste, pero si no vine antes fue porque yo también tengo mucho trabajo, Green.

            ―Hablar con extranjeros no es gran cosa, Somender. —La chica rodó los ojos como siempre lo hacía, ese gesto hizo que Andrea soltara una risa. —¿A qué se debe tu visita? 

            ―Tuve algo de tiempo disponible y es viernes.

            ―¿Y?

            ―Es viernes, hay que salir a beber y divertirnos —respondió con obviedad.

            ―No lo sé… no tengo muchos ánimos de salir.

        ―Pero es viernes, y estoy aquí… —Insistió como si se tratara de un trato muy importante—. Podemos salir, beber tequila y divertirnos y… beber tequila.

            ―¿Tequila? —preguntó sorprendida—. ¿Cuándo te reuniste con algún mexicano? Qué cultural te has vuelto.

            ―No te burles, Andrea… ¿Vamos?

            ―¿Por qué tengo el presentimiento de que me quieres contar algo?

            ―Para eso es; podemos hablar de lo que te ha pasado últimamente y de paso, divertirnos un rato y beber tequila.

            ―¿Esto es una visita diplomática? ¿O de plano las jurisdicciones quedan en el olvido?

            ―Si quieres saber eso, salgamos. Hace mucho que no pasamos tiempo juntas.

            ―Yo no me la paso todo el tiempo en reuniones con gente desconocida. 

        ―Todos fuimos desconocidos en algún momento… y tus chistes son realmente malos —respondió fastidiada y a la vez divertida—. Yo tampoco te reclamo cuando te vas de misiones arriesgando muchas cosas. —Ahora fue el turno de la castaña de poner los ojos en blanco.

            Touché… aunque ese argumento no es del todo válido, Somender. Es mi trabajo.

            ―Sabes que yo no digo argumentos que no sean válidos; y bueno, a veces yo debo limpiar el desastre que ocasionan ustedes.

            ―Lo dices como si destruyéramos el mundo a cada segundo. Sólo atrapamos a los malos. 

            ―¿Y no? —respondió enarcando una ceja—. Los atrapan y a veces a un muy alto costo, diría yo.

            ―En mi defensa o en la de ellos… —Guardó silencio mientras pensaba—, como sea, es que a veces debemos pensar rápido. No tenemos tiempo de ser amables y diplomáticos. Hacen algo malo… pues pateamos su trasero directito a Azkaban. 

            ―¿Y quién ha dicho que en la diplomacia siempre se es amable? Sin duda no me extraña que la mayoría de ustedes sean de Gryffindor.

            ―¿Por qué lo dices? —dijo recelosa—, no tenemos complejo de héroe.

        ―Por nada en particular… ¿Entonces? ¿Qué dices? ¿Salimos o me dejaras beber y divertirme sola?

            ―¿A dónde vamos? —preguntó rendida y guardando los pergaminos; ya los terminaría después.

            ―Para comenzar podríamos ir a un bar muggle.

            ―¿Tú, al mundo muggle? ¡Ja! —Sonó incrédula.

            ―Basta ya, Green. No es la primera vez que voy, ellos sí saben divertirse. Además, que fuiste tú quien me llevó.

            ―Sólo quería que reconocieras lo útil que puedo ser. —Soltó una pequeña risa—. ¿Entonces? ¿A qué bar?

            ―Al bar muggle que está por el centro de Londres.

            ―De acuerdo, vamos. Espero que valga la pena. 

            ―Lo valdrá. 

            Salieron del ministerio y se metieron en la calle de al lado para evitar que algún fisgón muggle las viera desaparecer. Después de un callejón solitario, salieron a la calle para mezclarse con la poca gente que iba y venía; caminaron hasta que llegaron a la esquina de Battersea Rise y Lavender Walk. La puerta del bar era roja y con un letrero fluorescente rojo que se leía Humble Grape; al entrar se toparon con unas escaleras. El lugar era pequeño y acogedor con un toque elegante; había mesas de madera en cada lado del bar acompañadas con su carta, y una lámpara al estilo art deco, un diseño inclinado hacia abajo con una copa lisa y sillas de un tono más oscuras. En medio tenían un par de mesas largas de madera con bancas y las paredes estaban decoradas con cajas de madera tipo huacales, con varios tipos de acabados desde modernos hasta antiguos. La barra era grande y de madera, de fresno o pino; arriba colgaba un porta copas bastante rústico donde relucían. Detrás se vislumbraban las botellas de vino. En el techo colgaban unas hermosas lámparas negras modernas con estilo nórdico.

            ―Tengo que admitir que elegiste bien el lugar, Somender —comentó Andrea maravillada.

            ―Quería un lugar tranquilo y discreto. Ya sabes, para poder hablar… creo que es un buen sitio para comenzar nuestro viernes por la noche.

        —Asumo que quieres decirme algo importante. ¿Tendrá que ver el tratado de paz entre Gryffindor y Slytherin? 

            ―Pues algo así, aunque sería más fácil un tratado de paz entre Rita Skeeter y Hermione Granger a que los Gryffindor acepten que Slytherin manda. —Rio con arrogancia mientras que Andrea la observó mal.

        ―Mejor deberías buscar una solución para deshacernos de los Skeeter. Me causa más problemas que tanta diplomacia. 

        ―Ese es un tema irritablemente delicado. —Pero no pudo decir nada más porque un mesero se acercó a ellas.

            ―Bienvenidas, ¿les puedo ofrecer algo de tomar?

            ―Una botella de vino de la casa, por favor. —Se adelantó Mariana dejando con la palabra en la boca a su amiga.

            ―En un momento se los traigo.

            ―¿Sabes? Me apetecería tomar una cerveza; no siempre tienes la oportunidad de tomar un buen licor y menos muggle.

            ―La cerveza no me gusta, además no es gran cosa.

            ―A ti no, pero a mí sí.

            ―No te quejes, te va a encantar. Es tal vez uno de los mejores vinos que he probado en Londres; además que me hace falta… nos hace falta. —Se corrigió a sí misma.

        ―De acuerdo, no pienso discutir contigo sobre esto —Apenas dijo eso cuando el mesero se acercó a su mesa con una botella y dos copas, sirviéndoles el vino. 

            ―¿Les ofrezco algo más?

            ―No, estamos bien por ahora. Gracias —dijo Mariana tomando su copa.

            ―¿Y bien? ¿Qué quieres decirme? —preguntó antes de darle un sorbo al vino. 

            ―Yo sólo… terminé con Cristian —respondió mientras jugaba con su copa para después beber de ella.

            ―¡¿Qué?! —Tosió un poco al atragantarse—. ¿Por qué? ¿Qué pasó? ¡Dime algo!

            ―¿En verdad es necesario que te cuente?

            ―Pues sí, entonces ¿para qué me trajiste a un lugar tranquilo, si no me vas a contar nada? Después de lo que pasó con Alexander; de alguna manera ustedes me hacían creer en el amor y ahora eso se va a la mierda. 

            ―Oye sí, eso es verdad y me recuerda… ¿Qué pasó entre ustedes? Sé que no he estado tan al pendiente, pero es que he tenido tanto trabajo —respondió antes de recibir los reclamos de su amiga. 

        ―No me cambies el tema —interrumpió Andrea lo que sería un buen discurso—. Primero platícame cómo es eso de que terminaste con Cristian y después hablamos de mí. Anda, que no quiero ninguna evasiva.

            ―Bien —suspiró; bebió un poco de vino antes de comenzar a explicarle lo ocurrido—. No he tenido mucho tiempo, así que hice algo de espacio y fui a apoyarlo en su último juego. 

            ―¡Sorprendente! Eso de que no te gusta el quidditch debió ser un gran logro, pero sí supe que llegaron a la final. Dime por favor que me conseguiste un par de entradas... —Se calló al ver el gesto de Mariana—. ¿Por qué no continuas?

            ―Todo iba bien, hasta que una tipa resbalosa se besó con él. Se lo estaba comiendo, Andy. 

            ―Supongo que la apartó, ¿no? —Mariana guardó silencio ante su comentario—. ¡¿No?!

        ―No quise hacer un escándalo; pensaba irme y dejarlo, pero la prensa ya estaba enfrente nuestro.

            ―¡Vaya idiota!

            ―Discutimos después, me echa en cara las reuniones que hay en el departamento y con todos esos magos extranjeros. 

            ―No sé qué decirte, en serio lo siento. Sé que va a sonar estúpido, pero ¿cómo estás?

            ―Bien, creo que ya estábamos mal desde hace mucho tiempo y no lo quisimos aceptar. Creo que fue lo mejor.

            ―No pensé que fuera demasiado idiota para dejarte ir.

            ―Pues ya pasó, ahora cuéntame. ¿Qué hay entre Alexander y tú?

            ―No sé si hemos terminado. Fuimos a Hogwarts a dar unas conferencias de defensa.

            ―Eso escuché. 

            ―Luego todo empeoró; insinúa que disfruto cada encuentro que tengo con Connor. No tiene idea de lo que viví y… 

            ―¿Pasó algo en esa casa que deba saber? —preguntó con demasiada seriedad en su voz.

            ―No, Mariana, no pasó nada. ―Titubeo―. Deberían dejar de insistir en la misma pregunta —respondió ligeramente irritada—. Vi los deseos de Connor de…—suspiró—, si no hubiera sido por Alexander, es sólo que… no es algo que me gusta contar y mucho menos recordar.

            ―Puedo comprender que fue traumatizante lo que viviste, pero ¿por qué no hablas con él? No tienes que cargar todo tú sola, es más ¿por qué no hablaste conmigo? 

            Ya no pudo responder porque por las escaleras bajaban sus amigas, Kissy acompañada de Keisi. No sabía cómo es que habían dado con ella, y más aún qué era lo que planeaban al estar ahí. Quizás nada bueno se podía esperar.

            ―¿Qué hacen aquí? —preguntó sorprendida al verlas.

            ―Te vimos entrar hace rato —respondió Kissy con una sonrisa malévola—. Venimos a llevarte a otro lugar, esto es… deprimente.

            ―Mariana escogió el sitio.

            ―Lo que tú necesitas es divertirte. —La castaña volteó a ver a su amiga pidiendo algo de apoyo; ella asintió levemente con una sonrisa casi imperceptible, después de todo ese también era su plan. Irse a divertir.

            ―¿Qué planeas? 

            ―Llevarte a otro sitio con más ambiente. Y sin peros, es noche de chicas.

            Kissy no aceptó ningún tipo de réplica por parte de nadie, aunque de cierta manera Keisi se sentía emocionada de ir a un club muggle después de tanto tiempo de estar en la oficina con miles de reportes que acomodar. Sin objeción alguna, las cuatro salieron de aquel bar hacia la noche de diversión que las aguardaba.

[***]

Las prácticas en la Academia eran duras, en especial porque Alexander y Andrea se empeñaban en exigir lo máximo a los nuevos. Cuando ambos les pedían resistencia física era porque estaban hablando en serio; se rumoreaba que en la próxima misión los llevarían para que comenzaran a practicar en el campo. Por ello, cada que tenían tiempo libre lo aprovechaban; la convivencia entre los novatos era buena. 

            ―¿Vienen a tomar unas cervezas ? —preguntó Logan a las chicas saliendo de la sala de prácticas.

            ―¡Sí! ¿Se apuntan? —Secundó Ben, otro novato que de inmediato comenzó a llevarse bien con ellos.

            ―Claro. —Lauren aceptó con gusto la invitación.

            ―Yo también voy —dijo Anne, debía admitir que nunca había salido tanto como ahora, pero era agradable salir con sus compañeros.

            ―¿Qué me dices tú, Violetta?

            ―Sin duda no me perdería nada de eso —respondió observando a lo lejos a Alexander. 

            ―No pensarás…

            ―¿Por qué no? 

        Caminó con un andar sensual, a pesar de haber tenido una práctica de hechizos, todavía mantenía un toque femenino. 

            ―Hola, Alexander.

            ―Señorita Parker. —Regresó el saludo de una forma educada y sin mirarla. 

            ―Varios de nosotros iremos a un bar, ¿vienes? —Tuteo sin importarle que estuvieran en la sala de prácticas del ministerio de magia.

            ―Se lo agradezco, pero…

            ―Sólo un par de cervezas como compañeros de trabajo, nada más —dijo con una sonrisa inocente. Los demás la observaban atentamente sorprendidos por el atrevimiento.

            ―¿Y bien? ¿Lo invitaste? —preguntó Logan con asombro. 

            ―¿Qué te dijo? —Fue la ocasión de Lauren de emocionarse.

            ―Nos ve allá.

            ―Pero todavía no sabemos a dónde iremos…

        ―Yo sí. —Sin decir nada más, la pelinegra salió de la sala de prácticas con su andar provocativo que no impidió que el resto de los chicos la vieran.

            Al salir de la academia, optaron por irse a su casa para cambiarse e ir más adecuado a la ocasión; cuando llegaron al lugar, se podía respirar un buen ambiente. Buscaron un sitio en donde sentarse, apartado de la pista donde ya había gente bailando. El bar era estruendoso, pero no molesto; Alexander no supo por qué aceptó la invitación y no tenía la menor duda de cómo encontraría a los demás.

            ―¿Qué haces aquí solito? —saludó Violetta con un beso en la mejilla. 

            ―Yo… —No sabía por qué, pero comenzó a ponerse nervioso. 

            ―¿Quieres bailar? —preguntó coquetamente tomándole de la mano. 

            ―No creo que sea conveniente, soy tu instructor.

            ―Lo eres, pero ahora mismo no estamos en el ministerio —respondió guiñándole un ojo; él dejó su cerveza de lado y se dejó guiar para ir a la pista.

            Kissy las llevó a un lugar reconocido en todo Londres; no sabían cómo, pero consiguieron entrar en un evento muggle, donde el club estaba al tope con tantos invitados disfrutando del ambiente. El lugar era increíble, contaba con cuatro bares, cinco salas y tres pistas de baile; varias mesas estaban dispersas por la planta baja, en ellas ya había varios muggles disfrutando de una cerveza refrescante u otros tragos. También había varias pantallas de plasma dispersas por el lugar que enseñaban videos de música y luces que ambientaban. 

            ―Esto es… increíble —murmuró Keisi admirando todo.

            ―Lo es —corroboró Mariana con sorpresa.

            ―Muy bien, allí hay una mesa. Vamos, vamos. —Señaló Kissy para luego acercarse a la mesa que contaba con dos cómodos sillones y dos mesas—. Bien, creo que podríamos pedir unas cervezas para empezar. Después unos tragos y vemos. 

            ―¿Ya estás pensando en emborracharte, Weasley? 

            ―Puede ser, podríamos saber que tanto aguante tienes.

            ―Oh, créeme que no lo quieres intentar.

            ―Eres una aburrida. —Acusó la pelirroja para luego hacer el pedido a una camarera. 

            ―Van a tomar alcohol muggle, y no es lo mismo que el mágico. Así que yo aconsejaría que lo tomaran con calma.

            ―La noche recién empieza…

            Como propuso Kissy, comenzaron con cerveza; para Kesi era la primera vez que probaba dicha bebida y aunque le supo amarga la disfrutó. Mariana sólo le dio un par de sorbos, realmente no le gustaba. Después de un rato, pidieron otra ronda.

        ―Te apuesto lo que quieras a que no aguantas tomar tequila. El que se emborrache primero, pierde. —Apostó la pelirroja a las demás, pero en especial con la castaña estirando su mano para cerrar el trato. 

            ―¿Sólo tequila? —preguntó Mariana con una sonrisa de lado, desde que probó dicho trago, le encantaba.

            ―A menos que quieras terminar vomitando por toda la mezcla de alcohol. Sí, sólo tequila. Aunque si quieres Whisky de fuego… —Apuntó Andrea.

            ―El Whisky me tienta más. —Estrecharon su mano—. Brindo por eso. 

            ―Ya tomas un trago y te hace mal. —Rio—. Pero de acuerdo. Brindo por eso. —Estiró su cerveza para chocarla con la de su amiga.

            ―A la cuenta de tres. —Sonrió la castaña—. Uno, dos, tres… ¡ya! —Andrea y Kissy comenzaron a tomar cerveza lo más rápido que podían en una sana competencia―. ¡LISTO! —Soltó el tarro alzando las manos; segundos después terminó la pelirroja—. ¡Te gané! Es mejor que no me subestimes, Weasley.

            Kissy pidió un séptimo regimiento. Andrea la miró; ella tenía conocimiento de las bebidas alcohólicas gracias a su padre. 

            ―¡RONDA DE TEQUILA! —gritó Mariana después de un rato y con cierta cantidad de alcohol aunque no tanto como las demás.

            —Lo que tienen que hacer es ponerse un poco de sal en la mano, la chupan, toman el tequila de un trago y de inmediato se comen el limón. ¿Entienden? Orden: sal, tequila y limón. 

            ―Sí, sí, Green. Ya entendieron. A la cuenta de tres, todas juntas. Uno, dos, tres ¡va! 

            De inmediato las tres lamieron la sal, tomaron el tequila y luego se pusieron el limón en la boca. Andrea, al contrario, tomó el tequila y luego comió limón, sin sal. Para las chicas haber tomado el tequila fue como algo que les comenzara a quemar la garganta, pero al comer el limón y tomar su jugo sintieron esa sensación de alivio. El lugar daba vueltas, no, más bien su cabeza daba vueltas. Al intentar dar unos pasos, Keisi sentía como si el suelo estuviese moviéndose porque no podía mantener un buen equilibrio. ¡Estaba entonadísima! Pidieron otra ronda de tequila y mientras la esperaban, se oían risas. Mariana también reía, contagiada por la risa de las demás. Al otro lado del club, Alex presionaba el cuerpo de Violetta contra el suyo al compás de la música; la pelinegra quería aprovechar esa oportunidad que se le estaba presentando. En el cuartel corrían rumores de su soltería.

            ―¿Disculpa? ¿Qué estás haciendo? 

            ―¡Andrea! ¿Qué haces aquí? —preguntó sorprendido y nervioso.

            ―Nunca me imaginé que fueras capaz de hacer esto, Alexander.

        ―Andy… —Comenzó Violetta, de cierta manera su instructora irradiaba algo que le hacía estremecer.

            ―¿En serio, Mason? ¿Y con una estudiante?

            ―Déjame explicarte, no… nosotros… yo… sólo bailaba.

        ―No necesito explicaciones de nada, para ti yo era, ¿qué? ¿Una cualquiera? Alguien que disfrutaba de lo que me hacía Connor, ¿no?

            ―Andrea… hablemos de esto en otro lado, por favor. —Pidió el chico; el resto de los muggles eran ajenos a esa discusión.

            ―No, tienes razón. Esto se terminó definitivamente.

            ―Andy, por favor.

        ―Disfruta de la noche, espero que no hagas algo de lo que luego te puedas arrepentir. —Dio media vuelta para alejarse de ellos e ir en busca de sus amigas.

            ―¿Dónde estabas, Green? —espetó Kissy con una sonrisa.

            ―¿Por qué esa cara? —preguntó Mariana, quién no estaba tan bebida como las demás.

            ―Me quiero ir.

            ―¿Por? La estamos pasando bien.

            ―Alexander está aquí.

            ―¿Y? deberían aprovechar para reconciliarse —respondió la pelirroja.

            Andrea le giró la cabeza para que mirara en la dirección donde había visto a Alexander, pero fue ella quien se quedó boquiabierta. El chico se estaba besando con Violetta. Era suficiente; no pretendía derramar una lágrima por él, pero estaba a punto de que su poca fortaleza que tenía se corrompiera por completo.

            ―Me largo de aquí. —Tomó su abrigo y salió rumbo al baño para desaparecer. Mariana, más consciente, comenzó a empujar a las dos chicas borrachas a la salida del club. Ese no era el final que esperaba para un viernes por la noche.

            El fin de semana, Andrea desapareció del radar de todos; Alexander quiso explicar y aclarar las cosas, pero no tuvo esa oportunidad. Kissy y Keisi amanecieron con una monumental resaca y juraban que nunca volverían a tomar de esa manera. Sin embargo, Mariana estaba preocupada por su amiga; se convenció que su auto exilio era porque estaba muy dolida por lo ocurrido. No tuvo opción más que esperar hasta el lunes a que acudiera al ministerio a trabajar para hablar con ella. 

            ―¿En dónde te metiste todo el fin de semana, Green? —exclamó Kissy apenas la vio. 

            ―Por ahí.

            ―¿Dónde?

            ―No fastidies, hoy no. —Sin duda, sus amigas se habían preocupado por ella porque apenas tomó asiento en su silla apareció Mariana.

            ―¿Estás bien, Andy? ¿Dónde estuviste?

            ―Quería algo de tiempo a solas, es todo. 

            ―Pudiste avisarnos.

            ―No tengo por qué, no realmente.

            ―Entonces no te costará decirnos en dónde estabas.

            ―Ya dije que por ahí. Confórmate con esa respuesta y ya.

            ―Es que mírate, eres un desastre —dijo Kissy observándola mejor.

            ―Lo sé. 

            ―No sé qué te sorprende lo ocurrido; muchas veces te dije las cosas como son, Green. 

            ―Debiste hablar con Alexander. 

            ―¿Acaso están en modo detector de emociones?

            ―Eres muy obvia.

            ―Perdón por sentir. 

            ―Deberías mandar a la mierda a las personas.

            ―¡Uy! perdón por preocuparme por ustedes, te juro que ya no lo haré más, Weasley. 

            ―Ese es tu problema, eres demasiado estúpida e inocente.

            ―Kissy… son de esas veces que quiero romperte la cara. 

            ―Creo que Kissy tiene razón. —intervino Mariana calmando los ánimos—. Andy, deja de darle tantas vueltas a las cosas; deberías decir lo que piensas, lo que sientes. 

[***]

El departamento de Cooperación mágica internacional tenía demasiado trabajo; no estaban organizando un evento, de tal magnitud, que tuvieran que juntar a tantos magos y brujas extranjeros. Aunque había algo de cierto en los rumores: ellos solían limpiar el desastre que ocasionaba la seguridad mágica. Si bien, no podían detenerse a tener diplomacia en estos casos, también era cierto que debían apegarse a un protocolo y no actuar y destruir todo lo que se les topara en camino. El asunto de Connor traía, a ambos departamentos, trabajando horas extras. El jefe de Aurores no dio por muerto a dicho criminal y estaban más que alerta; las investigaciones seguían en curso y por lo tanto surgieron rumores de que huyó del país.

            Amaba su trabajo y agradecía mantener ocupada su mente en esos momentos, pero a Mariana tampoco se le hacía justo tener que hacerse cargo de un desastre que ni siquiera ella ocasionó. Y no, ahora no tenían nada que ver los aurores; su reciente compañero, un chico novato que no tenía la menor idea de cómo clasificar y archivar cada informe que llegaba. Y Miranda le tenía confianza a ella que no pudo negarse, en especial si quería seguir mejorando de puesto. Suspiró, no veía para cuando terminar de ordenar cada informe; sintió que cada minuto transcurrido su escritorio no dejaba de tener pergaminos. 

            ―¿Me llamaste? 

            ―Sí, pasa y toma asiento. —Mariana se sentó enfrente de su escritorio; no se imaginaba de qué era lo que quería hablar con ella―. Visitaré al ministro muggle de Bélgica y tú vendrás conmigo.

            ―¿Puedo preguntar el motivo?

            ―Necesito a alguien de confianza que me acompañe a esa reunión —respondió mientras revisaba unos papeles que Brooks, su secretaría le acababa de pasar—. No me agrada mucho dejar el departamento solo, pero…

            ―¿Es algo importante?

        ―El ministro Kingsley me pidió que fuera. Espero que no tenga que limpiar otro desastre ocasionado por Potter y su grupito de héroes —mencionó con irritabilidad, aunque para Mariana le resultó divertido, en especial por Andy, quién no le agradaba que pensaran así de los aurores―. Las personas que asistiremos son exclusivamente las necesarias, aunque está de más que te lo diga. 

            »Irán los jefes de los departamentos involucrados, pero tú vendrás porque tengo bastantes asuntos que atender y no puedo negarme ante al ministro. Si la reunión se alargara, que Merlín mismo sabe que así será, me retiraré. Tengo que confiar en que serás prudente, audaz y sabrás cómo controlar la situación tal como lo haría —dijo Miranda más exigiendo que explicando cómo solía ser su costumbre.

            —¿Cuándo es la reunión? —contestó Mariana tratando de sonar neutral, aunque por supuesto que no sabía si agradecer o ceder ante un colapso nervioso.

            ―Mañana por la mañana.

        La puerta de la oficina se abrió dando por terminada la conversación e invitando a la joven asistente a abandonar el lugar; después de decir un modesto: con permiso, dio media vuelta para marcharse.

            ―Aprovecha esta oportunidad, Somender —dijo Miranda apartando por primera vez la mirada del escritorio.

            Regresó a su escritorio preguntándose qué era eso que le preocupaba al ministro. Ya no pensó demasiado; decidió terminar lo que estaba haciendo para después organizar lo que llevaría a esa reunión. A la mañana siguiente llegó temprano; imaginaba que usarían la red flú para ello, y no se equivocó. Miranda la esperaba en su oficina. Las llamas verdes cobraron vida en la chimenea para desaparecer en ellas.

        ―Primer Ministro —dijo la bruja avanzando hacia él con su mano extendida—. Miranda Cavanaugh, es un placer verlo. —El Primer Ministro no pudo devolverle el cumplido; por lo general, las apariciones de esas personas, generalmente significaban que estaba a punto de oír noticias muy malas—. Permítame presentarle a mi asistente, la señorita Mariana Somender. —La chica se sorprendió ligeramente al saber que era su asistente.

            ―Un placer conocerlo, señor —agregó con una ligera sonrisa.

            ―¿En qué puedo ayudarlas? ―dijo, estrechando muy brevemente la mano de ambas y yendo a una de las sillas delante del escritorio. 

            ―El ministro Shacklebolt se disculpa por no haber venido personalmente, tiene otros asuntos que atender.

            ―Espero que no haya tenido una terrible semana como la mía.

            ―No del todo…

            ―Entonces es posible que me ayuden. Tengo entendido que saben mucho sobre conflictos.

        ―Por supuesto, pero sería muy importante que nos explicara cuál es el problema por el cual solicitó nuestra ayuda.

            ―Estamos en guerra, señorita Cavanaugh. 

            ―¿En guerra? ―repitió extrañada—. Seguramente eso es un poco exagerado. 

        ―No lo entiende. Desde que tomé el cargo juré que erradicaría el narcotráfico, pero fue al contrario. La violencia ha aumentado, las víctimas mueren por el consumo de drogas o por el fuego cruzado. He estado lidiando con el ajuste de cuentas y no hemos podido atrapar al líder del cártel. La ciudadanía está cansada y temerosa.

            ―¿Sugiere que nosotros intervengamos? 

            ―Sí… bueno, su gente puede hacerlo.

        ―Podríamos hablarlo con nuestro jefe de aurores —respondió Miranda observándolo atentamente.

            ―¿Aurores?

            ―Miembros de la seguridad mágica.

            ―Entonces… ¿podrían ayudarme? 

            ―Es posible. Tendría que ponerme en contacto con el Ministro belga para ver cómo podemos proceder.

            ―Dudo que se oponga.

        ―Me pondré en contacto con él lo más pronto posible —respondió Miranda mientras se levantaba de su asiento—. Hablaré también con el ministro Kingsley para ver la mejor forma de proceder y brindarles el apoyo requerido. 

            ―Se los agradecería mucho.

        ―Bueno, primer ministro no le quitamos más tiempo. Fue un gusto conocerlo. —Estrechó su mano, lo mismo hizo Mariana y ambas se metieron en las llamas verdes de la chimenea.

        Apenas llegaron al ministerio, Miranda no tardó en comunicarle lo ocurrido a Kingsley; de la misma forma pidió que el jefe de Aurores, Harry Potter, estuviera presente para saber si podían ayudar con tal de fortalecer los lazos de unión. Aunque Harry podía hacerse cargo de la situación, él también tenía demasiado trabajo y no le agradaba la idea de dejar desprotegido el país, por mucho que su amigo Ronald se hiciera cargo del departamento. Tomó la decisión de dejar a cargo a Green, sus conocimientos sobre el mundo muggle servirían.

            Andrea recibió la notificación de que estaría a cargo de la misión; aunque implicaba irse un tiempo a Bélgica, lo necesario hasta que lograran cerrar el caso. Sería la primera vez que los magos ayudaban directamente a los muggles. Nunca se había hecho tal cosa, pero el ministro belga, alemán y francés pidieron ayuda al ministerio mágico, en especial al británico al no poder más con la situación de contrabando de drogas entre sus países. Todo ya se encontraba fuera de control. La auror pensó en quién la acompañaría; por su mente pasó la genial idea de tener a Vladimir en su equipo hasta que recordó que él estaba en otra misión y que no estaba disponible. Kissy la mataría si no la llevaba, y aun así seguía faltando personal.

            El primer paso era entrenarse como policías muggles y utilizar la magia cuando fuera realmente necesario; ser discretos y saber cómo luchar a la manera no mágica. Era por eso que iniciarían un entrenamiento con armas de fuego, defensa y más acondicionamiento físico. Bélgica también quiso participar, así que acordaron que dos de sus aurores iban a unirse al equipo al finalizar el entrenamiento muggle. La academia seguía en manos de Alexander, aunque de vez en cuando se presentaba para ver el progreso de los novatos. Harry y ella pensaron en incluir a los estudiantes; les serviría de experiencia. 

            ―Perdón, mi nombre es Vince Wells vengo de Bélgica y… —De pronto se presentó un chico alto y desgarbado. Su cabello era negro azabache y sus ojos cafés. Estaba de pie en la puerta de su oficina. 

            ―Ah sí, pase. ¿Y su compañero?

            ―Se quedó en la oficina del señor Potter, me pidió que me adelantara.

            ―Tome asiento, señor Wells —dijo la castaña todavía revisando sus pergaminos—- Mi nombre es Andrea Green.

            ―Mucho gusto. Debo decir que para mí es todo un placer poder trabajar con ustedes. —Pero ya no pudo seguir diciendo nada más porque alguien llamó su atención.

            ―Lamento interrumpir, pero necesito hablar contigo. —Mariana también estaba presente en su oficina. 

            ―¿Podría ser después? Tengo que revisar algunos datos con el señor Wells sobre la misión.

            ―De eso quiero hablarte, de tu misión.

        ―Perdón por la tardanza —interrumpió alguien más en su oficina. Andrea se enderezó en su asiento.

            ―¿Charlie? —Se levantó para abrazarlo. El joven, al verla, su sonrisa y ojos brillaron.

        ―¿Qué haces aquí? —preguntó Mariana cruzando los brazos por haber sido ignorada por su amigo.

            ―¡Mariana! —Al notar que estaba ahí; la abrazó con tanta efusividad que incluso la alzó del suelo—. ¿Cómo estás? ¿Por qué dejaste de responder mis cartas, eh? 

            ―Tengo trabajo, por eso estoy ocupada.

        ―¿Qué haces aquí, Charlie? —Andrea no podía dejar de mirarlo. Estaba igual como lo recordaba, con su cabello rubio castaño, y ahora con una barba bien recortada y sus ojos grises lluvia.

            ―Me enviaron a la misión del narcotráfico muggle.

            ―No puedo creerlo.

            ―Lamento llegar tarde, creo que ya comenzaron.

            ―Sólo estaba conociendo a tu compañero. Realizaré una reunión con el equipo. Considero que lo mejor es que se vayan a descansar. Supongo que tuvieron un largo viaje.

            ―Sí, así es.

            ―Nos organizaremos para partir de inmediato. Eso sería todo por hoy.

            ―Gracias. —Cruzó una mirada con su compañero y luego salió dejando solo a Charlie.

            ―¿Te ofrezco algo?

            ―No, estoy bien. Gracias. 

            ―Y a todo esto… ¿De qué quieres hablar, Somender?

            ―Quiero estar en la misión —dijo sin preámbulos y tomando asiento. 

            ―¿Disculpa?

            ―Me oíste. 

            ―Yo no tengo autoridad…

            ―¡Oh claro que la tienes! falta personal y puedo demostrarte, si es necesario, que soy capaz.

            ―Créeme que sé que eres capaz, conozco muy bien tus habilidades —respondió haciendo un gesto tranquilizador—, pero ¿por qué? ¿Y tu trabajo?

            ―En esta vida, la diplomacia tiene varias facetas que deberías conocer.

            ―Jamás pensé escuchar eso y menos de ti. 

            ―¿Entonces?

            ―Estás dentro si… —Levantó el índice—, te bates a duelo con los novatos de la academia y los vences. 

            ―Bien, dalo por hecho. —Sin más, salió de la oficina convencida.

            ―Sabes que lo lograra, ¿cierto? —comentó Charlie con una sonrisa.

            ―Lo sé, pero realmente quiero que les dé una paliza.

[***]

A falta de un miembro más, Andrea tomó la decisión de incluir a Mariana. Una parte de ella, la no profesional y el ego herido, le pedía a gritos que dejara que les diera una clase a sus estudiantes. Quiso desahogar esa frustración y decepción que sentía por la ruptura con Alexander. La idea de realizar un torneo de duelos podía medir mejor las habilidades de cada uno; cuando lo sugirió, todos estuvieron de acuerdo. En la sala de entrenamientos, los novatos practicaban hechizos defensivos y cómo desviarlos mientras eran observados; Kissy no quiso perderse la oportunidad de ver, y Alexander debía estar presente. A Charlie también le llamó la atención y por lo tanto se encontraba allí, porque estaría loco si se perdía la oportunidad de ver ganar a su amiga. Los tres últimos vencedores se enfrentarían a Mariana.

            Los finalistas fueron Logan, Lauren y Anne; cada uno comenzó a ponerse nervioso ante la idea de enfrentarse a una bruja del ministerio con conocimientos que superaban los suyos. Y como era de esperarse, sin dificultad, Mariana venció a cada uno. Andrea miró su reloj; tuvo que admitir que su amiga era buena y sería de gran ayuda. Eso no era lo que le hacía tener una enorme sonrisa en su rostro, sino el hecho de que, sin duda, indirectamente, humilló a Violetta. Se hizo tarde, por lo que hizo aparecer chispas rojas de su varita. Todos salieron para tomar un descanso; Andrea, Mariana y Charlie iban juntos. 

            ―¡Cristián! —Se detuvo Andrea al percatarse que alguien estaba esperándola afuera de su oficina.

            —¿Puedo hablar contigo?

        ―Disculpa, te veo más tarde —dijo Mariana sin siquiera mirarlo; Charlie no tenía idea de lo ocurrido. Intercambió una mirada con la castaña, quien asintió y luego siguió a su amiga.

            ―¿Qué hace él aquí? 

            ―Charlie está aquí porque fue asignado a una misión.

            ―¿Pero qué hace cerca de Mariana?

            ―Son compañeros y amigos —respondió entrando a su oficina.

            ―¿Compañeros? Ella no es auror, ella no puede…

        ―Puede y lo hará. —Interrumpió con cierto tono autoritario—. Ahora dime, ¿en qué puedo ayudarte? —dijo invitándolo a tomar asiento mientras ella lo hacía tras su escritorio.

            ―No sé si te contó, pero terminé con ella.

            ―Oh sí. 

            ―Ayúdame 

            ―¿A qué?

            ―A recuperarla. La extraño y sé que la cagué, pero la quiero.

            ―Cris, no creo que yo pueda ayudarte.

            ―Son amigas, igual puedes hablar con ella. 

            ―¿Y qué quieres que le diga? —preguntó enarcando la ceja—. Así no funcionan las cosas. Si quieres recuperarla tienes que dejar de actuar con un idiota y hacer las cosas bien, como se deben.

            ―Lo sé —respondió dando un suspiro.

            ―Entonces ya sabes lo que tienes que hacer. 

            ―¿Crees que me perdone?

            ―Perdonarte si, pero que regrese contigo… tendrás que esforzarte si quieres eso. 

            ―Lo haré.

            ―Me parece bien, ahora si me disculpas. Tengo que ir a una reunión. 

[***]

El equipo de aurores estaba completo: Kissy Weasley, Mariana Somender, Logan Stevens, Lauren Sullivan, Charlie Blackwood y Vince Wells y liderados por Andrea Green. La misión se llevaría a cabo en Brujas, una ciudad medieval y atracción turística. Como no deseaban llamar la atención de nadie, decidieron usar un traslador hasta Bélgica y luego de ese punto llegar en tren. La estación de Brugge no estuvo abarrotada como solía estarlo en Londres. El gobierno belga les puso a su disposición una casa por el río Zwyn que usarían como cuartel general, y donde vivirían por algunos cuantos meses.

            ―Esto es hermoso. —Andrea estaba maravillada por el lugar. 

            ―Brujas está comunicada por canales al río Zwyn y por esto lo conocen como la Venecia del Norte —respondió Charlie con una sonrisa.

            ―Sin duda es muy bello.

            ―Quizás podríamos ir a dar una vuelta. La vista realmente es maravillosa. 

            ―¡Sí! Sería genial 

            ―Instalémonos primero y después salgamos. ―Conocieron la casa, dejaron las cosas y se aclimataron un poco antes de irse. 

            ―¿Qué me dicen? —preguntó Charlie cuando todos estaban listos para salir—. ¿A dónde vamos?

            ―Podemos ir a un bar. —Sugirió Logan; poco a poco empezó a adaptarse a los demás. 

            ―Sí, es buena idea. —Secundó Mariana entusiasmada―. Vayamos a beber.

            ―Conozco un sitio donde tienen todo tipo de cerveza.

            ―¡Uy! ahí sí habrá un problema —respondió Andrea mirando burlonamente a su amiga. 

            ―¿Por qué?

            ―Porque a Mariana no le gusta la cerveza, prefiere otras bebidas.

            ―¿Cómo cuáles? 

            ―Tequila, whisky, ron, vino…

            ―En especial después de lo último que pasó. —Instintivamente la mirada de Andrea se posó en Logan y Lauren; estaba casi segura que ellos sabían de lo ocurrido esa noche en el club.

            ―¡Es cierto! Deberíamos de repetir.

            ―Venimos a trabajar, Weasley. 

            ―¡Hey! tranquilas, chicas. Una noche de diversión no vendría mal —intervino Charlie con voz calmada—, además te prometo mi estimada Mary —dijo pasando un brazo por su hombro; sabía que odiaba que le dijeran así y se enojara. Ella le miró con esa característica mirada de basilisco—, te encantará esta cerveza. Es lo mejor que te puedes encontrar aquí.

            ―Vayamos, aunque no espero mucho.

            Caminaron por la ciudad y como les mencionó Charlie, podían guiarse mediante los canales. Los llevó a un bar llamado Le trappiste, donde era una sala cripta subterránea y extremadamente antigua que estaba iluminada con velas; era como en un recuerdo medieval. El lugar era reconocido por tener diferentes tipos de cerveza y eso les encantó, incluso a Mariana. El ambiente era tranquilo y brindaban para que la misión fuera un éxito y pudieran culminar pronto.

            ―Y platícame, ¿qué ha sido de ti? —preguntó Charlie a Andrea después de un rato. 

            ―No gran cosa, sólo trabajo.

            ―Por lo que supe anduviste muy ocupada. ¿Metiéndote en problemas, Green? 

            ―Yo no busco los problemas…

            ―Ellos te encuentran a ti… lo sé —interrumpió con un suspiro—. ¿Alguien especial en tu vida? 

            ―¿Por qué tenemos que hablar de eso?

            ―Porque casi no sé mucho de ti desde que me informaste que te ibas a Francia a estudiar. —Lo vio directo a los ojos. Esos ojos que la cautivaron.

            ―Sí, hubo alguien.

            ―Hablas en pasado. 

        ―Se terminó —respondió mientras observaba a sus compañeros Vince y Logan hacer una competencia de quien bebía más—. ¿Y tú? ¿Alguien en tu vida?

            ―Nadie… bueno sí. —Se sonrojó—. Pero quizás nunca me haga caso, aunque lo niegue, está enamorada de alguien más. 

            ―Típico, te roban el corazón y luego te lo rompen en mil pedazos. ¿Trágico, no crees?

            ―¿Eso te pasó?

        ―Aprendemos a sobrevivir a los corazones rotos, aunque creamos que no. —Sonrió y alzó su copa, le dio un sorbo a su cerveza.


        Andrea tenía que comenzar a asignar responsabilidades; no querían que nadie sospechara, ni mucho menos, que se les fuera el tiempo desperdiciándolo en tonterías. 

    ―Según tu expediente, eres muy bueno en legeremancia. —Vince asintió—. Tenemos información de que hay infiltrados en la policía muggle, gente del crimen organizado está dentro de la ley. Ese es trabajo para ti; es indispensable que detecten a esos traidores, así ustedes podrán trabajar con más libertad.

            ―Por supuesto.

            ―Mañana mismo empezamos cada quien con sus responsabilidades, ¿alguna pregunta? 

            ―¿Nos vamos a presentar todos al mismo tiempo en la policía o por separado? 

            ―Weasley y Blackwood —dijo inmediatamente Andrea—. Wells entra tú solo, Somender, Stevens y Sullivan lo harán pasado mañana. No quiero que sospechen que desde antes son un equipo; quiero que el personal de ahí mismo los reúna y les ponga esa misión.

            ―De acuerdo.

            ―Vayan a descansar.

        Con el paso de los días cada uno hizo lo propio haciendo sus investigaciones y tratando de infiltrarse; mezclarse con los muggles y averiguar acerca del líder de la banda que estaba causando tanto daño. Kissy revisó fotografías y expedientes de los narcotraficantes más buscados, pero sin encontrar, al que suponía, era el líder del tráfico de armas y drogas que tanto estaba afectando a Bélgica. Comenzaba a frustrarse cuando entraron Charlie y Vince apresurados; tenían que interrogar a unos tipos que detuvieron por vender drogas en una escuela; era posiblemente la mejor pista que tenían hasta el momento.

            ―Hola, Kissy —saludó Charlie.

            ―Hola, chicos. —Vince le hizo un gesto; la pelirroja volteo a ver a su compañero extrañada por su actitud y con el ceño fruncido.

            ―Discúlpalo, no está muy contento que digamos.

            ―Te espero en la sala de interrogatorios —mencionó Vince con voz gélida.

            ―¿Qué pasó?

            ―Olvidó su varita. —La pelirroja comenzó a reírse. 

            ―No puedo creerlo.

            ―Pues créelo, porque pasó ―respondió Charlie con una sonrisa—. Debe estar distraído, ayer conoció a una muggle.

            ―Uy el amor… y dime, ¿tú no estás enamorado? 

            ―Eh… —Comenzó a poner rojo—, mejor voy a la sala de interrogatorios.

            ―¿Quieren ayuda para eso?

            ―No, todo bien.

        En la semana, el trabajo se intensificó; tenían una pista clave para atrapar al líder del contrabando de drogas y armas. Vince, por medio de la poción de la verdad que le dio a un sospechoso y durante un interrogatorio, descubrió que se llevaría a cabo una fiesta importante en un castillo cerca de catedral. Al parecer, se verían personas involucradas en el crimen organizado; era la oportunidad perfecta para obtener más información.

            ―Usaremos poción multijugos y a los detenidos, que estoy segura, nadie se ha dado cuenta de que los tenemos —mencionó Andrea dándole instrucciones a su equipo—. No tenemos invitación; bastará un confundus para entrar.

            ―¿Quién irá? —preguntó Mariana viendo las anotaciones.

            ―Ustedes.

            ―¿Tomaremos la poción nosotras? —Fue el turno de Lauren por preguntar. 

            ―No, los chicos. A ustedes nadie las conoce. Charlie irá con Mariana, Vince con Kissy y finalmente Logan con Lauren. ¿Alguna pregunta?

            ―No.

            ―Irán a sacar información; no quiero que detengan a nadie ni vayan hacer un escándalo. —Miró fijamente a cada uno. 

            El día de la fiesta, Andrea reunió a su equipo en el cuartel provisional que instalaron; ella les dio instrucciones precisas. Al terminar la junta, les indicó que estuvieran listos a las ocho de la noche.

            ―Sean puntuales, por favor. —Concluyó la castaña mientras que todos asintieron—. Yo rondaré cerca, por si las dudas. —Cada uno salió de la sala para alistarse, pero Charlie se quedó un momento.

            ―Hay algo que me he estado preguntando.

            ―¿Qué cosa?

            ―¿Por qué no entras con nosotros? Digo, no reniego de mi pareja, sabes que adoro a Mariana, pero…

            ―¿Hay un pero, señor Blackwood? 

            ―Me hubiera gustado que fueras mi acompañante a esa fiesta. —Soltó con algo de vergüenza—. Toda la misión te has mantenido detrás del escritorio, tú no eres así.

            ―Será porque llevo el mando y si algo sale mal será mi responsabilidad.

            ―¿Hay algo que no me has contado?

            ―¿Por qué me preguntas eso?

            ―Mariana me dijo que has tenido unos meses complicados y… —suspiró mientras tomaba su mano entre las suyas—, soy tu amigo y sé que hay algo que te está afectando.

            ―No es momento para hablar de mi vida personal, ¿sí? mejor alístate para esta noche.

            ―Bien, jefa. —Sonrió levemente al decir eso.

            ―Charlie… —dijo la castaña antes de que saliera de la sala.

            ―¿Sí?

            ―Cuídate y mucha suerte. —Él asintió y luego salió.

            Llegó la hora de la fiesta; se trasladaron en auto al castillo donde sería el evento. Andrea condujo mientras los demás repasaban el plan. El equipo pudo entrar a la fiesta sin ningún contratiempo; la pareja de Charlie y Mariana fueron los primeros en entrar, ya que la simpatía del chico le funcionó a la perfección. Se encargó de confundir a los guardias y poder entrar sin ningún percance. Los siguientes fueron Kissy y Vince, este último era un hombre de negocios ilegales, prepotente y presumido; la pelirroja sonreía de una manera sensual a quien se le acercaba a él. Por último, llegaron Logan y Lauren; intercambiaron conversación con personas provenientes de otros países.

            Después de un rato, Vince le hizo señas a Charlie para que salieran al jardín; el auror encontró algo importante. Kissy optó por dar una vuelta para ver si podía descubrir más información por sus propios méritos y Marina se quedó sola en la barra de bebidas. Puso atención a las personas que estaban a su alrededor, analizando a cada uno; no se percató que un hombre bien vestido, de cabello negro y sonrisa perfecta, se encontraba a un lado de ella ofreciéndole una bebida.

            ―Me gustaría saber en qué estás pensando. —Aceptó la bebida simulando que daba un trago, quizás su padrino no era tan paranoico como su sobrino, pero recordaba perfectamente su tan característica frase: alerta permanente. Se veía relajado y conocía a la mayoría de las personas presentes.

            ―Estoy esperando a mi pareja.

            ―¿Cómo fue capaz de dejar a una mujer tan hermosa? —preguntó con una sonrisa—. Yo jamás lo haría.

            ―Sabes lo que quieres. —Le correspondió la sonrisa.

            ―Siempre sé lo que quiero y lo obtengo.

            ―Eso te hace sumamente interesante.

            ―Lo soy. —Le mostró otra sonrisa—. ¿Te gusta la fiesta? La organicé; vienen personas de todo el mundo.

            ―¿Así que es tu fiesta?

            ―Bastian Shadow. —Ofreció su mano, ella le correspondió el saludo y vio por encima del hombro del tipo como Charlie fruncía el ceño preocupado— ¿Y tú eres...?

            ―Ma…—Reaccionó de inmediato—. Kelly Wood. —Se maldijo internamente por haber pensado en ellos dos, justo en ese momento.

            ―¿Quieres salir a pasear por el jardín? —Propuso—. Supongo que tu pareja debe estar ocupado por ahí.

            ―Me encantaría. —Sonrió coquetamente—. Disculpa, primero debo ir al tocador.

            ―No necesitas ir, te ves hermosa.

            ―Gracias, pero insisto. Te alcanzo en la puerta.

            ―Estaré esperando ansiosamente. —Mariana le sonrió y caminó directo al baño; Charlie con disimulo, la siguió.

            ―¿Qué te dijo?

            ―Es el dueño de la casa, es él que organizó la fiesta. Se llama Bastian Shadow.

            ―Sí, Vince se acaba de enterar; trató de hacerle legeremancia y no pudo.

            ―¿En serio? ¿No decía en su expediente que era bueno?

            ―Lo es, pero… —Charlie la vio directo a los ojos—. Creemos que este tipo es mago.

            ―¿Qué?

            ―Lo que escuchaste. Vince anda investigando con otras personas, pero por lo que nos pudimos dar cuenta, ese tal Bastian Shadow, como por arte de magia hace excelentes negocios. Nada, absolutamente nada le sale mal y todos lo admiran.

            ―¿Piensas que sea el líder?

            ―Es probable, así que aléjate de él.

            ―No hablas en serio, ¿verdad?

            ―Debo buscar una oportunidad para informarle como sea a Andy.

            ―¿No te dio un aparato muggle? ¿Una radio?

            ―Sí, pero hay mucha interferencia y eso me hace pensar que este castillo está protegido mediante magia. Necesito un lugar a solas para poder al menos mandarle un patronus.

            ―Tengo que aprovechar que Shadow me invitó.

            ―Ni lo pienses Mariana, espera a que Andy de la orden.

            ―No, voy a salir con él para ver qué puedo averiguar. 

            Mariana salió al jardín donde ya se encontraba Bastian esperándola; él sonrió. Se llevó una copa a la boca, le dio un pequeño sorbo a su bebida y con un movimiento de cabeza le indicó que bajaran juntos. Le enseñó las diferentes esculturas que adornaban el lugar contándole en donde había conseguido cada una.

            ―Tu casa es muy hermosa.

            ―Gracias, es mi favorita. 

            ―¿Tienes otra?

            ―Tengo varias más,

            ―Supongo que trabajas muy duro o ¿recibiste algún tipo de herencia?

            ―Puede que ambas.

            ―¡Vaya! Entonces debes ser un hombre con demasiada suerte.

            ―Nunca me he quejado; podré tener muchas cosas, pero no te tengo a ti.

            ―Eso es imposible, estoy segura que alguien como tú debe tener muchas mujeres hermosas.

            ―Pero ninguna como tú —comentó de una forma muy provocativa y con un brillo en sus ojos azules.

            ―¿Qué tengo de diferente?

            ―No lo sé, irradias cierta magia. 

            ―¿Magia? ¿Acaso crees en ella? —Levantó la ceja; comenzaba a ponerse nerviosa de tener a ese hombre tan cerca en un jardín inmenso y solitario.

            ―¿Por qué no? —Mariana soltó una risita burlona—. ¿Acaso no te gustaría tener lo que tú quisieras por arte de magia?

            ―¿Un conejo? Eso aparecen los magos. Utilizan una varita y dicen unas palabras algo como abracadabra. —Hizo énfasis en la última palabra. Recordó la explicación que una vez le dio Andrea sobre los supuestos magos en el mundo muggle—, patas de cabra —continuo mientras lo observaba—, y… aparece un conejo. ¿No crees que eso es muy infantil?

        Bastian sonrió y se acercó más a Mariana para besarla, pero ella se hizo a un lado y siguió caminando por el jardín. Le encantaban las mujeres difíciles, los retos. La chica escuchó un ruido cerca de un árbol; cuando se acercó a ver que era, se sorprendió.

            ―¿Lechuzas?

            ―Sí.

            ―Son hermosas, ¿dónde las conseguiste?

            ―En un lugar conocido como el Callejón Diagon.

        Mariana se quedó paralizada; Charlie y Vince tenían razón. Bastian Shadow era un mago trabajando en el mundo no mágico, pero ¿cómo es que el ministerio no había dicho nada acerca de este hombre que realizaba magia frente a los muggles? Algo no encajaba. 

            ―Un lugar de Norte América… seguro no lo conoces.

            ―No, jamás había escuchado de ese sitio. 

            ―Lo supuse.

            ―Me siento algo mal, será mejor que regresemos.

            ―Te puedo llevar a una habitación para que puedas descansar. 

            ―No. No creo que a mi pareja le agrade la idea. —Se acercó a él para susurrarle al oído—. Él es un hombre muy poderoso.

            ―Nadie es más poderoso que yo, estas personas que ves trabajan para mí.

            ―Aun así no quiero tener problemas.

            ―Tengo el presentimiento de que nos volveremos a ver.

            ―¿Ah sí?

            ―Sí.

            Vince llegó de inmediato con Kissy, secundados por Logan y Lauren; Charlie se mantuvo alejado, se había preocupado buscándola por todo el jardín. No quería que su amiga estuviera sola sin ser vigilada. 

            —Señor Shadow —saludó Charlie disfrazado de un narcotraficante. 

            —Hola, ¿disfrutas de la fiesta?

        —Estos caballeros y yo salimos a fumar unos puros —respondió señalando a Vince y Logan. Bastian asintió y enfocó su mirada en las chicas. 

            —Ustedes sí que saben escoger a sus acompañantes. —Lauren sonrió tímidamente y la pelirroja con un poco de arrogancia—. Tengo que regresar.

            ―Increíble fiesta, por cierto —dijo de pronto Vince mirándolo.

            ―Ya saben que a mí me gusta la diversión. —Bastian sonrió y de nuevo regresó a la casa dejando el equipo solo en el jardín. Kissy sacó su varita e hizo un hechizo para no ser vistos ni escuchados.

            ―Ya sé lo que me vas a decir. —Empezó Mariana a Charlie quien se veía muy serio—, tenía que aprovechar la oportunidad. Bastian Shadow sí es un mago, ahora tenemos que enfocarnos en eso.

            ―Te arriesgaste demasiado.

            ―Si no hubiera salido al jardín con él, jamás hubiéramos corroborado esa información; valió la pena la arriesgada que me di. —Charlie se acercó a ella viéndola directamente a los ojos; sin inmutarse permaneció con la mirada en alto. 

            ―Suerte con Andy. —Mariana abrió la boca sorprendida. La conocía y también su carácter. Cada faceta suya y más cuando se trataba de su trabajo. En ello podía ser muy dura y ahora era su jefa. Quizás sí tendría un problema.

            ―¿Cómo les fue? —preguntó Andrea al verlos—. Fui a seguir una pista. Lamento un poco la ausencia —dijo y mirándolos a todos—, ¿y bien?

            ―Andy, ¿puedo hablar contigo?

            ―Claro —respondió extrañada—. ¿Qué pasa? —preguntó de inmediato al entrar en su oficina.

            ―Supongo que Charlie te va a dar toda la información acerca de lo que pasó hoy.

            ―Sí, ¿por qué me lo dices? ¿Pasó algo que deba saber antes?

            ―El líder del narcotráfico muggle es un mago.

        ―¿En serio? ¿Están seguros? —Ella asintió—. Bueno, entonces hablaré con Charlie después. Tengo que ver cómo vamos a proceder con esto.

            ―Se llama Bastian Shadow. —Andrea abrió los ojos sorprendida—. ¿Lo conoces?

            ―Algo así —mencionó dudosa―. Sé quiénes son los Shadow; hace mucho que no escuchaba el apellido, pero es una familia un poco peligrosa.

            ―Hay algo raro. El ministerio lleva un control de los magos, saben cuándo hacen magia enfrente de un muggle.

            ―Ajá, ¿a qué viene todo esto?

        ―A nada en particular, sólo me sorprende que no hayan hecho algo ya. No me cuadra que nosotros hayamos tenido que venir. 

            ―No conozco a ciencia cierta el pasado de esa familia, pero puede que estén manejando de cierta manera el ministerio.

            ―Es una posibilidad.

            ―¿Algo más? 

            ―No, nada.

            ―Entonces ve a descansar.

            La mañana siguiente, Mariana no sabía qué esperar; llegó al cuartel. Debía ir directo a la policía muggle, y revisar expedientes de cada uno de los nombres que recolectaron en la fiesta. Sabía que Charlie estaba por preparar el reporte que le entregaría a Andrea, sin embargo, llegó tarde; se armó de valor y tocó la puerta.

            ―Adelante. —Entró cuidadosamente; conocía a su amiga enojada.

            ―Mariana. —Sonrió Charlie—, pasa.

            ―Hola. 

        ―Qué bueno que viniste. —La chica vio a su amigo con los ojos entrecerrados; la castaña permanecía seria, leyendo el reporte.

            ―Pensé que te vería en la estación.

            ―No, me urgía entregar mi reporte a mi jefe. 

            ―Empiecen a investigar sobre Bastian Shadow.

            ―Lauren ya empezó y al parecer no hay mucha información. 

        ―Algo ha de haber —contestó molesta—, y tú. —Apuntó a Mariana—. Te quiero lejos de ese tipo, ¿entendiste?

            ―Andy, supimos que él era el líder y que además es un mago.

            ―Porque le gustaste. —A este punto estaba roja de coraje—, ¿sabes lo peligroso que puede llegar a ser Bastian Shadow? ¿Cómo se te ocurrió irte sola con él? ese tipo es poderoso, puede buscarte.

            ―No creo que me encuentre.

            ―¿Por qué? 

            ―Porque me presenté como Kelly Wood. —Por su rostro pasó una sonrisa casi imperceptible al escuchar eso—. Fue lo primero que se me ocurrió —mencionó con cierto fastidio a sabiendas de que, si no se burlaba de ella, era porque estaba manteniendo su compostura de líder.

        ―Charlie, déjame a solas con ella por favor. —El chico asintió y salió; Andrea se quedó terminando de leer el reporte.

            ―Ahórrate el sermón que me vas a dar porque tienes que admitir que valió la pena la…

            ―Tenías que esperar a Charlie. ¡A tu equipo! 

        ―No hubiéramos logrado nada. Pude saber que era mago porque me dijo que las lechuzas las había comprado en el callejón Diagon.

            ―Vince ya lo había sospechado.

            ―Pero yo lo confirmé.

            ―No puedes arriesgarte de esa manera. Pensé que lo sabías. ¿O acaso Han no te enseñó bien?

            ―¿Qué insinúas? 

            ―No insinúo nada, es sólo que pensé que sabías cómo se llevaban a cabo estas cosas. 

            ―Sé cómo son las cosas; muchas gracias, Green.

            ―No se te olvide a quién te estás dirigiendo, Somender. Con un auror a cargo de la misión —respondió con tono autoritario—. Debes entender que, aunque quisieras ser diplomática, no dudarían, en ningún momento, de liquidarte.

            ―Hago lo necesario

            ―No lo hagas, Mariana —dijo observándola atentamente.

            ―¿Hacer qué? —preguntó confundida.

            ―Lo mismo que Alexander; restregarme la placa. Recuerda que yo también tengo una —dijo mientras se quitaba la suya del cinto de su pantalón y la dejaba encima de su escritorio—. Sé que eres capaz de defenderte por ti misma, conozco tus habilidades.

            ―Estoy haciendo mi trabajo.

            ―Entre tantos aspirantes te hubiera elegido a ti —respondió suspirando—. Tienes conocimiento que ninguno de nosotros tiene; cuentas con una gran astucia como ningún otro Slytherin que yo haya visto, y eso es decir mucho, es por eso que no quiero que pienses impulsivamente. No puedes ponerte en riesgo.

            ―Vi esa oportunidad y la aproveché.

            ―Lo sé… pero recuerda que a veces por esas oportunidades sacrificas mucho —respondió observándola—, para eso está tu equipo, para respaldarte y cuidarte en caso de ser necesario. Así que espero que esta situación no se vuelva a repetir. 

            ―Entendido.

            ―Buen trabajo, después de todo. 

        Andrea no estaba muy tranquila con lo ocurrido, sentía que el nombre de ese mago lo había escuchado de alguna parte; no supo en dónde y no estaba tan convencida de que hubieran estado del lado del Señor Tenebroso en los momentos de gloria, sin embargo, le preocupaba que en verdad tuvieran algo que ver con las artes oscuras. Los únicos que podían ayudarla en esos momentos eran sus padres.

            ―Hola, hija.

            ―Hola, mamá —saludó al ver a la señora Green por la cámara de su computadora portátil. 

            ―¿Cómo va todo por allá? 

            ―Bien ¿y papá? 

            ―En su estudio. 

            ―¿Podrías hablarle? necesito hablar con ambos.

        ―Claro. —Esperó unos minutos mientras observaba la sala de su casa; estaba repasando en su mente lo que quería preguntarles cuando escuchó sus pisadas.

            ―Hola, Andy —saludó su padre—. ¿Todo bien? ¿Qué tal van las cosas en Bélgica? 

            ―Hemos avanzado en la investigación, si tenemos suerte muy pronto estaremos de regreso.

            ―Qué bueno, tu hermana ha estado preguntando por ti.

            ―Imagino, pero por lo pronto no puedo responderle de esa manera. 

            ―Ya le diremos que saludaste. 

            ―¿De qué quieres hablarnos, hija? —preguntó el señor Green. 

            ―¿Qué me pueden decir sobre los Shadow? Sé que habré escuchado ese apellido. 

        ―¿Los Shadow? —Se extrañó su papá—, bueno, Ryan Shadow fue un compañero del colegio, tres cursos mayores que yo. Cuando estaba en mi cuarto curso, quiso pretender a tu madre, era un tipo de lo más desagradable.

            ―Fiel seguidor de la sangre limpia. —Agregó Mary rodando los ojos por el comentario de su marido.

            ―El tipo tenía aires de grandeza y de poder; nunca se pudo comprobar que fuera partidario de Voldemort. ¿Por qué me lo preguntas?

            ―¿Sabes si se casó? ¿Si tuvo hijos?

            ―Creo que sí se casó y tuvo dos hijos. Recuerdo el nombre del varón, Sebastián.

            ―Bastian.

            ―Sí, eso.

            ―¿No lo conoces?

        ―No. Cuando estuvimos en la orden supimos que varias familias, para ocultarse, se fueron del país. Se rumoró que esa familia huyó. Por eso mismo creímos que eran partidarios de Voldemort, sospechábamos que habían metido la pata y estaban huyendo.

            ―¿Puedes ayudarme a saber algo de los Shadow?

            ―¿Qué pasa, Andy? 

            ―Mariana estaba en una fiesta y se encontró cara a cara con Bastian Shadow.

            ―Dile que tenga cuidado.

            ―Eso no es todo, el tipo se interesó en ella.

            ―Los Shadow son peligrosos.

            ―Puedo imaginarlo; quizás puedan preguntarle a Han. Él debe saber más. 

            ―Hace mucho tiempo que no lo veo. 

            ―Manda a Hermes; él sabrá encontrarlo. 

            ―De acuerdo, en cuanto sepa algo, te llamaremos.

            ―Gracias, papá. Espero verlos pronto.



            Charlie, Vince y Lauren buscaron información acerca de Bastian Shadow, pero no había nada; era como si no existiera en el mundo mágico. Los Green no tenían demasiada información al respecto, y no lograron encontrar a Han, por lo que esa ayuda que Andrea esperaba no llegó. 

            ―Logan lo ha estado vigilando; no sale mucho. Lo más seguro es que aparezca y desaparezca y no se den cuenta nadie.

        ―Debe haber una manera de saber más. —Aventó su pluma en el escritorio. Charlie y ella se vieron a los ojos, comunicándose de alguna forma. Ambos estaban pensando en lo mismo, aunque no querían aceptarlo. 

            ―Es arriesgado. Shadow es peligroso. 

            ―Lo sé, pero Mariana no me ha dejado de insistir que es la única manera. —Se hizo de nuevo un silencio—, debo tomar una decisión y si no lo hago pronto podremos dejar inconcluso el caso.

            ―Voy con ella. No la dejaré sola. 

            ―Sabes que no querrá.

            ―¿Y no eres tú la jefa? 

            ―Pues sí, pero…

            ―Pero nada, debes de hacer lo mejor para la misión sin poner en riesgo a nadie.

            ―Podemos hacerlo a lo muggle. 

            ―¿Qué quieres decir?

        ―Existe tecnología que podemos usar. Microcámaras y micrófonos que pueden ir escondidos entre la ropa sin ser vistos; podremos monitorear a la persona siempre. Sin problema. 

            ―¿Hablas en serio?

            ―No tendría por qué no hacerlo.

            ―Pero estarías arriesgándola.

            ―Es Mariana, y si no fuera por sus conocimientos y su objetividad, estaría pateando traseros con nosotros en lugar de ser diplomática en todos los sentidos.

            ―No me convence la idea. 

            ―Tenemos la ventaja de que ese tipo no sabe que ha sido descubierto y que Mariana también puede usar magia.

            ―¿Y si no funciona?

            ―Funcionará, yo también estaré presente.

        ―¿No quieres pensarlo con calma? —A ese punto, Charlie estaba enojado consigo mismo por dejar que la situación se saliera de sus manos. 

            ―No, es buena idea. Yo estaré con ella en todo momento.

            ―No, iré yo. Tú… —Suspiró rendido—, sólo dirige la misión.



            Tenían todo preparado; como supusieron, Mariana aceptó correr el riesgo. El plan era regresar al castillo con la excusa de que dejó su bolso y encontrarse con Bastian Shadow. Logan la ayudó a colocarse el equipo muggle; él era de sangre mestiza y tenía conocimientos al respecto, mientras que Andrea revisaba que las cámaras y micrófonos funcionaran a la perfección. Lauren estaba en la camioneta que transformaron en cabina; a simple vista parecía normal, pero por dentro era un cuarto de control donde estaban viendo los monitores y escuchando el audio.

            ―¿Están listos?

            ―Sí —respondió Logan poniéndose su saco de chofer. 

            ―¿Vince?

            ―Ya se encuentra dentro del castillo, se está haciendo pasar por un jardinero —respondió Charlie. 

            ―Kissy y yo estaremos por los alrededores por cualquier cosa y yo estaré siempre con ella.

        Cuando Mariana llegó al cuartel de control, parecía una mujer muy elegante y sensual. Andrea le dio las últimas instrucciones y antes de salir le deseo suerte. Charlie caminaba detrás de ella; Vince le lanzó un hechizo para cambiar su apariencia y así Bastian no sospechara absolutamente nada. Segura de sí misma, llegó hasta la puerta del castillo. Al entrar, esperaron unos minutos antes de que Bastian Shadow hiciera acto de presencia.

            ―Te dije que te volvería a ver. —Sonrió con arrogancia; tomó su mano y depositó un beso.

            ―Olvidé mi bolso.

            ―Suelo tener suerte con ese tipo de detalles.

            ―¿Podrías regresármelo?

            ―¿Tienes prisa? —Ella negó con la cabeza―. Ven, vamos a mi despacho… solos —dijo al ver que Charlie caminaba detrás de ella.

            ―Espérame aquí —susurró sin voltear a verlo.

            ―No te preocupes, ella está conmigo —sonrió Bastian viendo lujuriosamente a Mariana. 

            Andrea se tensó; pensaba movilizar a todos cuando escuchó un no tan despacio, como un susurro. Mariana les dijo al equipo que estaba bien, que nadie hiciera nada; sin embargo se las arregló para informarle a Charlie que los siguiera discretamente. Estaba en alerta, si veía que ese tipo pretendía hacerle algún daño, sin pensarlo, entraría a salvarla.

            ―Qué pinturas tan hermosas.

            ―Todas originales. ―Presumió con esa arrogancia que se estaba haciendo tan característica en él.

            ―¿Dónde las conseguiste?

            ―Regalos. —Sonrió de lado—, aunque ellos no lo supieron. 

            ―¿Cómo?

            ―Nada, olvídalo… ¿champagne? —preguntó mientras servía un par de copas. 

            ―Por favor.

            ―Así que… ¿viniste por tu bolso? —Mariana sonrió y se sentó en un lujoso sillón—. ¿Dónde está el tipo que acompañabas aquella noche en la fiesta?

            ―No lo sé, a veces salgo con él y a veces no. —Levantó la ceja viendo directamente a Bastian y recibiendo la copa de champagne.

            ―¿Escapas de él?

            ―Siempre tiene trabajo.

            ―Idiotas. 

            ―¿Tú no trabajas tanto? Tienes muchas cosas, supongo que así has de trabajar.

            ―Obtengo lo que quiero cuando quiero —respondió alzando los hombros, indiferente.

            ―¿Todo?

            ―Todo.

            ―¿Tienes mi bolso? —preguntó Mariana después de un largo tiempo escuchando sobre sus logros.

            ―¿Ya quieres irte? ¿Tanto te aburrí?

            ―Claro que no, de hecho, me encantaría volverte a ver, si quieres.

            ―Por supuesto. 

            ―Tu casa es maravillosa, me encantaría conocer tus otras casas.

            ―Cuando quieras. Te podría llevar a conocer cualquier lugar, conocer el mundo.

            ―¿Quién vive en ellas? —preguntó ignorando su propuesta.

            ―Nadie, empleados. Muggles. —Al escuchar eso todo el equipo se puso alerta; Andrea logró permanecer afuera de la ventana del despacho, y los observaba mientras Charlie se encontraba fuera del mismo. 

            ―¿Muggles? 

            ―Sí, suelo llamarlos así ―respondió Bastian sin darle demasiada importancia.

            ―¿Por qué? ¿Qué significa?

            ―Tontos. Hacen lo que les pido y me tratan como deben y cómo lo merezco. 

            ―¿Qué te hace especial? —Mantenía apretada la varita por si tenía que sacarla.

            ―Todo.

            ―¿Tu manera de trabajar? He visto a muchos trabajar igual que tú.

            ―No, preciosa. No conoces a nadie como yo. —En esos momentos su voz se había endurecido.

            ―Traficar armas… drogas… secuestros… nada nuevo —mencionó enumerando con los dedos.

            ―Mi forma de operar es diferente. 

            ―Eso dicen todos.

            ―¡Yo no soy como los demás! —Se exaltó Bastian; odiaba que lo compararan.

            ―Mariana, sal de ahí —decía Andrea llevándose la mano a su cinturón, justo donde portaba su pistola. Charlie logró abrir la puerta sin que nadie se diera cuenta. Logan, Vince y Kissy comenzaron a acercarse a la casa de inmediato.

            ―He escuchado lo mismo varias veces, aunque recuerda que yo he salido con hombres muy poderosos, tal vez más que tú.

            ―¡Somender! ¡Sal de ahí! —Volvió a gritar Andrea, pero ella hizo caso omiso al audio que llevaba en su oído escondido.

            ―Jamás —respondió acercándose a ella—. Óyelo bien, preciosa… jamás vas a encontrar a un hombre como yo. —dijo tomando un mechón de cabello suyo—. Todos esos estúpidos muggles creen que pueden controlar al mundo con sus negocios —bufó—, piensan que son listos sin imaginar que hay personas superiores a ellos.

            ―¿Superiores? ¿Personas que pueden hacer mejores negocios?

            ―Personas con poderes.

            ―Voy a entrar.

            ―¡No! Espera, Blackwood. No quiero precipitar las cosas.

        ―¿Poderes? ¿Qué tipo de poderes? —continuaba Mariana mientras analizaba la situación; presentía que en cualquier momento se desataría una pelea.

            ―Poderes que jamás podrías imaginarte. —Bastian se acercó a ella y la tomó por la cintura—. Te puedo demostrar lo poderoso que soy —susurró juntando sus labios con los de ella—. Me gustas, me gustas mucho y no pienso dejarte ir. Te mostré todo lo que puedes tener con un simple sí.

        ―¿Y qué pasa si digo que no? Lo que me mostraste es exactamente lo que otros pueden ofrecerme.

            ―¡Jamás!, ¡yo soy único, soy el dueño de todo! Soy quien maneja los negocios; se rinden ante mí.

            ―¿Será que te obedecen porque llevas una varita contigo? —Charlie decidió interrumpir; entró con varita en alto apuntando al corazón. Mariana se mantuvo, sin embargo, estaba preparada para actuar—. Eres un idiota, Bastian Shadow; tu arrogancia te arruinó.

            ―¿Quién eres? 

            Ambos estuvieron atentos a que Bastian sacara su varita, la cual ya había detectado sobre un estuche en el librero, pero no se imaginó lo que iba a ocurrir después. Andrea, al ver las intenciones del mago, sacó su arma y disparó desde afuera de la ventana; sin importarle los restos de vidrio entró cuando el hombre respondía a sus disparos. Mariana reaccionó y con la mano, sin mucho esfuerzo, lo aturdió. La castaña escuchó el disparo antes de que ella entrara, y su mente había quedado en blanco presa del pánico.

            ―¿Estás bien? —preguntó al ver a su amiga.

            ―Charlie… —susurró impresionada; él se encontraba tirado en el piso sangrando. Tomó su cabeza, miró la herida en su estómago que no paraba de sangrar.

            ―Lo… siento —Tosió, respiraba con dificultad.

            ―Calma… quédate conmigo. —Le temblaban las manos; apretó la herida mientras lágrimas corrían por su rostro.


Comentarios