Capítulo 9
En colaboración con Mariana Sánchez.
La alfombra blanca se tiñó de color carmesí. La sangre se desbordó de la herida y fue absorbida por la tela. Un caído en la batalla, quizás con las manecillas de reloj, una baja. Un pensamiento que cruzó por la mente del líder; lo que estaba tratando de controlar Green. La misión no salió bien; tenían al criminal, pero a un precio alto. Bastian iba a ser trasladado al Ministerio de magia en manos de Vicent y Kissy; ellos se hicieron cargo de la situación después de que Mariana lo dejara aturdido. Andrea presionaba la herida de Charlie; sea lo que tuviera que hacer debía hacerlo pronto. la existencia de su amigo se desvanecía y con cada segundo transcurrido se ponía peor.
—¿Qué haremos? —preguntó Mariana preocupada, en un estado de shock por lo ocurrido.
—Lo llevaré a un hospital. —Tomó su mano con la intención de hacer una aparición conjunta.
—¡No¡¡Espera! —La detuvo con un agarre en el brazo—. Las cosas no se hacen así, existe un protocolo y hay que seguirlo. Podrías quebrantar un montón de decretos.
—¿En serio? —En ningún momento dejó de presionar la herida— ¡¡Se está desangrado!! Se está muriendo. —En su voz tenía una súplica escondida por la desesperación.
—¡No puedes aparecer en medio de un hospital muggle! —La chica trataba de ser razonable en medio de una situación tan delicada. Andrea pensó responder cuando Logan entró en la habitación con Lauren.
—La policía viene en camino —informó—, alguien los llamó —respondió ante la mirada interrogante de la chica.
No tuvieron tiempo de intercambiar palabras, las sirenas comenzaron a escucharse. Varios hombres entraron con su arma en alto; Logan sacó una placa e identificación falsa para mostrarlas. Uno de ellos, al ver a Charlie, pidió atención médica por medio de la radio. A ninguno le permitieron subir en la ambulancia; tuvieron que fingir y hacer tiempo para llegar al hospital y no levantar sospechas. Al llegar, se quedaron en la sala de espera; Andrea alcanzó a oír el parte médico, y lo que temía: estaba grave. Su mente repasó el plan que trazó; reprodujo la escena mil veces de lo sucedido, pero el curso de sus pensamientos fue interrumpido por la repentina aparición de su jefe. Y lo que más le sorprendió era que Harry Potter estaba siendo acompañado por Miranda Cavanaugh. Era extraño ver a la jefa del departamento de Cooperación Mágica acompañando al jefe de Aurores.
—¿Han dicho algo? —preguntó preocupado y viéndola a ella y al resto de su equipo. Se detuvo unos instantes en los novatos.
—No. —En esos momentos se encontraba muy intranquila.
—¿Tú estás bien? —La observó bien—, tienes una herida. —Señaló su brazo izquierdo.
—Estoy bien —respondió restándole importancia.
—Señorita Somender, ¿se encuentra bien?
—Perfectamente.
—Me alegra saber que el departamento de aurores puede pensar antes de actuar. —Andrea hizo un gesto desaprobatorio al escuchar eso, una parte de ella le intrigaba saber qué hacía ahí.
—Tomamos en cuenta todas las posibles consecuencias. —Abogó Harry a favor de sus hombres—. Apenas den noticias del señor Blackwood, analizaremos la opción de trasladarlo a San Mungo.
Bastaron unas horas para que el tiempo se hiciera eterno. El médico salió a informar del estado en que se encontraba. Según sus palabras estaba grave, pero estable. El señor Potter y la señorita Cavanaugh se alejaron para tener privacidad; repasaron las opciones para no quebrantar ningún decreto. La mejor forma que encontraron era confundir a los médicos y llevarse a su hombre. Al llegar a San Mungo, de inmediato atendieron a Charlie, el panorama era alentador. Lo único que alcanzaron a escuchar, antes de que desapareciera detrás de las puertas, era que debían administrar poción reabastecedora de sangre. Por órdenes del jefe de aurores, Andrea tuvo que dejar que la revisaran. No fue nada grave y bastó con un ligero vendaje; al salir, en la sala de espera vio a Mariana. Una furia mezclada con decepción se apoderó de ella; quería encararla por lo ocurrido, quería una respuesta concreta. Necesitaba escuchar un argumento que fuera lo necesario para tomarlo como válido.
—¿Cómo estás? —preguntó al verla salir.
—¿Por qué? —Ignoró su pregunta—. ¡¿Por qué te interesan más las malditas reglas?!
—Andrea…
—¿Acaso no me puedes responder?
—Hablemos de esto en otro momento y en otro lugar.
—Green, necesito que te vayas a descansar. —Harry interrumpió lo que sería una discusión—. La señorita Weasley me informó que el custodio ya está en el ministerio. Ambos ministros ya están al corriente de la situación, en cuanto pueda iré al cuartel general.
—Voy para allá, quiero ser la primera en saber cuáles eran sus planes.
—Green… —La chica hizo caso omiso y desapareció.
El atrio del ministerio estaba en calma; algunos funcionarios aparecieron para comenzar su rutina diaria. Subió al elevador para detenerse en el segundo piso e ir a detención, donde suponía tenían a Bastian Shadow. Una parte de sí, supo que debía de haber obedecido a su jefe, o haberse quedado en el hospital a esperar noticias de su amigo, pero tenía que hacer algo si no perdería el control. Seguía furiosa y la única manera que encontraba de desahogarse era interrogando al recluso. Iba por los pasillos; nadie sabía aún de los sucesos en Bélgica.
—Fíjate por donde vas.
—¡Andy! —Había sido Alexander con el que chocó; él, sin importarle nada de lo sucedido antes, la abrazó con entusiasmo—. ¡¿Estás bien?! —preguntó alarmado al ver su ropa manchada de sangre.
—Eh… sí —respondió con un leve siseo de dolor—. Una pequeña herida.
—Vi a Weasley y a Wells llegar hace rato. No me quisieron decir mucho.
—¿Dónde están?
—En la sala de interrogatorios.
—Iré con ellos.
—¿Qué pasó, Andrea? —Tomó su brazo antes de que se fuera.
—Hirieron a Charlie.
—¿Cómo está?
—Estable. Ya lo trasladamos a San Mungo. Tengo que ir con los otros.
—Me alegra que estés bien.
La castaña no sabía con exactitud cómo sentirse al verlo, sin embargo, recordó el motivo por el cual estaba allí. Caminó más rápido por los pasillos; quería respuestas a todas esas interrogantes que se estaban formando en su cabeza. La sala de interrogatorios era un pequeño cuarto; había una silla con cadenas hechizadas para que el detenido no tuviera ninguna oportunidad de escapar. Llamó a la puerta para hablar primero con sus compañeros antes de entrar.
—¿Cómo está Charlie? —preguntó Vince de inmediato.
—Por el momento estable. ¿Ha dicho algo?
—El maldito se niega a decir pío —exclamó Kissy molesta. Siempre solía sonsacar la información rápidamente.
—Voy a entrar.
—Oh vaya, se nos une la ¿señorita...?
—Andrea Green —respondió con dureza—. La misma que estuvo a cargo de capturarte. ¿Y bien, Bastian Shadow? Debo darte la bienvenida a Londres.
—¿Sabes? Es triste la vida que llevan ustedes. —Sonrió mostrando sus perfectos dientes blancos—. Puedo ver que hay sangre en tu ropa. Debe ser de tu amiguito, ¿no? —Bastian la observó con un cierto brillo en los ojos—. Una muerte miserable... es tan penoso morir de esa manera. Me satisface que haya sucedido eso. Una sangre sucia menos. —La auror sabía que estaba provocándola, aunque no dejaba de mirar el arma muggle que tenía en el cinturón.
El jefe de aurores abrió la puerta. Se recargó en la pared y cruzó los brazos; adoptó una postura relajada. Harry sabía que su auror podría lograr algo hablando con el detenido; esperó e instó a que siguiera el interrogatorio.
—Eso sería muy malo para ti. Una condena por asesinato no se la deseo a nadie. Pero dime, ¿cómo lograste hacer magia sin que el ministerio te dijera algo?
—Quiero un abogado.
—No, no hay eso aquí. Tendrás que conformarte con hablar —respondió Potter tranquilamente.
—¿Sabes las leyes de los muggles? Qué irónico.
—¿Dónde está la hermosa mujer que me engañó? —preguntó de pronto. En ningún momento dejó de sonreír—. Ella es buena con las palabras, supongo que puede defenderme. —Hasta ese momento Andrea comenzó a sentir una furia al escuchar la referencia.
—Olvídate de ella.
—Una hermosa mujer. Sería una pena...
—Sería una pena, ¡¿qué?! —gritó de pronto—. ¿Hay algún traidor en el ministerio? ¿Así hacías lo que querías?
—Te puedes arrepentir.
—¿Estás amenazando a un auror? —exclamó de pronto golpeando la mesa y perdiendo la paciencia—. Te haré sacar la información por las malas. —Tomó su arma y apuntó en su cabeza—. ¿Cuál prefieres? ¿O quieres que te torture primero? —Con la otra mano tomó su varita.
—¡Green!
—¡Imagínala mientras suplica! —Alcanzó a oír todavía antes de que Harry cerrará la puerta.
—¿Dijo algo? —preguntó la pelirroja irritada.
—No —respondió Harry.
—Denos más tiempo para sacarle la información. —Kissy se rehusaba a dejar, así las cosas.
—Vayan a casa a descansar. Lo mantendremos vigilado.
—¿Irá a prisión?
—Es un hecho que irá a Azkaban aunque espero no tengamos problemas con las jurisdicciones.
—¡Ni hablar! Nosotros lo atrapamos. —A ninguno le agradaba la idea de ceder.
—Lo sé, debemos aclarar bien las cosas. Así que descansen y a primera hora espero un informe bien detallado. ¿Entendido?
—Sí, señor.
—¿Quedó claro, Green?
—Sí —suspiró, la mano que portaba el arma le temblaba.
—Dámela; dudo que la necesites. Ahora ve a descansar. Te necesito bien.
Ella asintió; le quedaba un pendiente que resolver, pero no tenía caso desobedecer de nuevo las órdenes que le dieron. Por fortuna, todavía nadie sabía lo que pasó. Salió del ministerio sin toparse con nadie ni siquiera con Alexander o Keisi. Apareció en casa, esperaba no tener más problemas con sus padres. Había tenido suficiente durante los siguientes meses.
—¿Mamá? ¿Papá?
—¡Andrea! —Mary se asomó y corrió hacia ella al verla—. ¿Estás bien? ¿Qué pasó? ¿Estás herida? —preguntó alarmada al ver su estado y su ropa.
—No mamá, estoy bien. —La abrazó fuerte luego de no verla por varias semanas.
—¿Qué pasó, hija? ¿Cuándo regresaste?
—Hace unas horas.
—¿Terminó la misión?
—Algo así. —Comenzó a subir las escaleras rumbo a su habitación.
—Hija… —Se detuvo. No era capaz de mentirle a sus padres.
—Le dispararon a Charlie. Shadow le disparó, y en el cruce de fuego me dio a mí también, pero sólo fue un rozón. Bastian Shadow, era el líder del narcotráfico muggle; utilizaba la magia para lograr sus objetivos. Mariana estaba allí e intervino Charlie. No pensamos que usaría un arma; no lo vi venir. —Se dejó caer en un escalón; se sentía abatida por lo sucedido.
—No fue tu culpa…
—Papá, estaba a cargo. ¿Qué hubiera ocurrido si ese imbécil le hace algo a Mariana, eh? ¡Debía velar por mis hombres!
—Aun así, no fue tu culpa. Nadie pensaría que actuaría así.
—Tu padre tiene razón. —Su madre tomó asiento a un lado de ella y la abrazó—. Estoy segura que hiciste todo lo posible. Hiciste tu trabajo. ¿Cómo está Charlie?
—Estable. Harry me mandó a descansar. —Se frotó su rostro con las manos, bastante cansada.
—Entonces obedece. ¿Quieres que te suba algo de comer?
—No, no tengo ganas. —Subió a su habitación. Tomó un baño; quiso quitarse la ropa con la sangre de su amigo.
Las lágrimas resbalaron por su mejilla, esta vez no quería ser fuerte; se desahogó por lo ocurrido. Durmió casi un día entero, y también parte de la noche. Revitalizada, y apenas a primera hora de la mañana apareció en San Mungo para saber cómo estaba Charlie. Se mantuvo en la sala de espera hasta que un medimago salió por la puerta; corrió para saber el estado de su amigo.
—Por favor, dígame, ¿cómo se encuentra el señor Blackwood?
—Está fuera de peligro. Por suerte la bala no dañó ningún órgano importante, pero aún está muy débil; seguirá en observación.
—¿Puedo verlo?
—Por ahora no será conveniente. Le sugiero que vuelva después. Veremos cómo evoluciona —dicho esto el medimago se fue a revisar a otros pacientes mientras que Andrea, sin mucho que hacer ahí, se fue al ministerio.
[***]
A Mariana no le gustaba para nada la situación, sin embargo, una parte de sí, le inquietaba la repentina aparición de la jefa de Cooperación Mágica Internacional en compañía del jefe de Aurores. Llegó exhausta a su departamento; planeaba tomar un largo baño y olvidarse, por un momento, de lo ocurrido. Sin embargo, sólo se quedó sentada en el sillón; la escena de Charlie herido se rebobinó en su mente una y otra vez. El timbre le bastó para regresar a la realidad. Han Moody estaba en su puerta, vestido con su vieja capa de viaje.
—Te traje algo de comer. —Le mostró una bolsa de papel. Él entró y de inmediato se fue a la cocina—. Apenas llegué al ministerio, supe que te fuiste de misión. ¿Cómo es eso, Comino?
—Quería ser parte de la acción.
—Ya lo creo. Cuéntame, ¿cómo fue? —Le sirvió un plato, de lo que parecía pasta, y lo dejó en la mesita de la sala. Tomó asiento y encendió un puro, esperando a que su ahijada dijera algo.
—Vigorizante; atrapamos a Shadow. Tuve la oportunidad y la aproveché.
—Los Green trataron de contactarme.
—¿En serio? ¿Para qué?
—Información. Conozco muy bien a los Shadow —respondió dando una bocanada de humo—. Aunque fue algo tarde, estaba al otro lado del mundo.
—Lo supimos resolver.
—Lo sé, Andrea tiene un talento natural para liderar, aunque ella no lo crea. —Inhaló y exhaló un par de veces, antes de volver a hablar—. ¿Cómo está Blackwood?
—Él salió herido. Está estable.
—¿Y tú? —Han la miró de una forma tan penetrante; Mariana trató de sostener la mirada, pero cuando menos se dio cuenta, las lágrimas cayeron.
—¿Tiene razón? ¿Me importan más las reglas que la vida de mis amigos?
—Hiciste lo que creías correcto, Comino. Y no tiene nada de malo.
—Pero Charlie pudo morir, o Andrea. Cualquiera de nosotros.
—Las reglas evitan el caos. —Mariana asintió, luego permitió que Han la abrazara. Eran escasos, pero valiosos, los momentos afectuosos entre ellos.
El papeleo sobre la misión en Bélgica aumentó. Apenas Mariana se instaló en su lugar, Miranda le pidió que la acompañara a una reunión. Tomó papel y pluma, y salió detrás suyo; iba tomando nota de todo lo que estaba dictando. El ministro Kingsley; el jefe de aurores, Harry Potter y su jefa, estarían presentes en la sala de reuniones del departamento de Seguridad Mágica. Tenían un tema a tratar: el reciente arresto de Bastian Shadow.
—Tú y yo tenemos una plática pendiente. —Andrea apareció de pronto, se recargó al lado opuesto de donde se encontraba ella.
—Si tienes algo que decir, dilo.
—¿Por qué?
—Por qué ¿qué? Acabas de decir que tenemos una plática pendiente, no sé a qué te refieras.
—¿Por qué rayos tienes que ser tan correcta? ¿Acaso habrá un momento en que dejes la diplomacia un rato?
—Esto no se trata de diplomacia.
—¿No? —Estaba tratando de controlar su genio—. ¡Maldita sea, Mariana! —Alzó ligeramente la voz—. ¡¡Charlie se estaba muriendo!! y tú preocupada por si se rompían decretos. Pensé que era tu amigo. Pensé que te importaba.
—No grites —exclamó también ella, alzando el tono de su voz—. Yo sabía perfectamente como estaba Charlie —continuó hablando en voz baja—, y el hecho de que él estuviera así no era suficiente excusa para que hicieras lo que quisieras.
»Tú no entiendes que las cosas no se hacen y ya; tienen una razón de ser y sus consecuencias. Ese día no sólo estaba en peligro la vida de nuestro amigo.
—¿Hablas en serio? ¿Una excusa? Se estaba muriendo o acaso ¿no viste esa posibilidad? Recibió un disparo y casi mortal… ¡Cierto! No entiendes de nada porque sólo sabes hacer magia y hablar de acuerdos y decretos; no entiendes que hay algo más importante que la vida de tus amigos, ¿o qué? ¿si fuera yo, me hubieras dejado morir?
—Siempre exageras todo. —Puso los ojos en blanco—. No puedo creer que uses ese argumento, porque ambas sabemos de mi capacidad, y en eso entra algo que no puedes hacer: ¡pensar con la cabeza!
»Ignoras el trabajo de toda esa gente, esa que está detrás de los escritorios tratando de mantener a flote relaciones que, mantienen la integridad de miles de personas, incluida tú; al parecer, a la primera de cambios, no sabe hacer otra cosa más que perder la cabeza y ponerse a jugar con la varita a ser superheroína. Rompes platos que luego alguien más tiene que limpiar y reemplazar porque a ti —dijo apuntando con su dedo—, al igual que los tuyos, no les importan las cosas que no sean corretearse y lanzar hechizos ¿no?
—Vaya... ¡¡genial deducción!! ¿Debo aplaudirte? —En ese punto no se sabía quién estaba más molesta—. ¡Sí! ¡Mi estúpido trabajo es lanzar a diestra y siniestra un arsenal de hechizos! —Andrea comenzó de nuevo a alzar la voz—, ya veo que mi vida es una exageración. Diste en el punto, Somender. ¿Quién se preocupa de un idiota auror? ¡¡Somos nada!! —gritó, algunos que iban pasando por ahí las voltearon a ver—, ¿verdad?
—¿Te das cuenta de que estás molesta porque digo que tu trabajo no es perfecto e impecable? —Era increíble ver el autocontrol que tenía Mariana para no perder los estribos—, pero ¿tú sí puedes menospreciar las leyes y protocolos que nos salvan el trasero a todos? Si que la vida no es justa...
»Hazte el favor de no juzgarme y mucho menos culparme; yo si mido las consecuencias y cumplo con mi trabajo de la mejor manera posible.
—Las malditas leyes no te salvan el trasero. No tienes ni una puta idea de lo que es ver pasar tu vida delante de tus ojos; cada haz de luz escapar por ellos. El simple hecho de ver a alguien que te importa morir... —Cerró sus puños, no le gustaba tocar ese tema—. No. En definitiva, no tienes una idea.
»Charlie se salvó de milagro, pero si hubiera muerto, ¿qué? ¿Si yo hubiera muerto? Tus manos están limpias. A veces no tienes oportunidad de hacer lo que es correcto y ¿sabes por qué? porque no existe lo correcto. Quédate con tus leyes, tus estúpidos protocolos. —Quería gritarle lo que pensaba, expresar esa frustración— Estaba a cargo. Su vida, la de los demás, la tuya estaba en mis manos y decidí salvarlas. Aunque tuviera que dar la mía.
—Es que siempre es el mismo problema. —Sin duda la plática estaba comenzando a ser tediosa—. Ya supera eso de dar tu vida a cambio, nadie lo ha pedido ni lo pedirá. Y sí, estabas a cargo y deberías entender que las cosas no se hacen a lo bestia y los protocolos, ¿qué? Ustedes tienen más que nosotros y se hacen cumplir, te guste o no. Eso no va a cambiar sólo porque una mujer paranoica con complejo de héroe tiene ganas.
»El hecho de que exista o no lo correcto no quiere decir que tengas que elegir el camino de lo más fácil para ti; Charlie está vivo, y tal vez, si hubieras llevado a cabo tu maravillosa idea hubieras puesto su vida en peligro. ¡Y Morgana nos libre! todos aquí estaríamos en problemas, y el muerto frente a los ojos de muggles, que también son nuestro problema, señorita a cargo. ¿Esa era tu idea de terminar la misión y salvarnos? ¿Sabes? Yo creo que la que no tiene ni una bendita idea eres tú.
—¡Bien! ¡perfecto! —Cada palabra que escuchó de la boca de su amiga le dolió. Sabía cómo darle en el orgullo y en el ego.
—¿Bien? ¿Perfecto? Entonces Andrea, voy a dar por entendido y aclarados los puntos de lo que tenías que decir; esta conversación se terminó.
—Se terminó. Quédate con tus malditas reglas y con... tu vida; al parecer la mía tampoco importa.
Ninguna de las dos se percató de la tan acalorada discusión que tuvieron. Algunos que pasaban por el pasillo se quedaron observando, otros escucharon desde sus respectivos cubículos. Ambas se lanzaban miradas asesinas.
—¿Todo bien? —Escucharon una voz pausada. Tampoco se percataron de que la reunión terminó y que sus respectivos jefes, junto con el ministro, estaban en la puerta, mirándolas.
—Sí, señor ministro. Todo bien.
—Somender, ¿por qué sigues aquí? —Comenzó a reñirla Miranda—. ¿Te pedí que perdieras el tiempo?
—No, por supuesto que no. Ahora mismo hago lo que me pediste. —Lanzó una última mirada a su amiga, un saludo cortés al ministro y luego se fue por el pasillo.
[***]
Regresar a la normalidad y monótona rutina estaba siendo complicado; Vince decidió pedir un traslado temporal para quedarse a ayudar en el caso del narcotráfico muggle. Él era uno de los principales en averiguar qué tenía que ver el ministerio belga; no pensaba que fuera liderado por un ministro corrupto, sin embargo, sus dudas alguien ayudaba a Shadow se incrementó día a día. Blackwood despertó cuatro días después de haber sido trasladado al hospital mágico. El equipo quiso verlo, por lo que fueron para visitarlo, incluso Kissy que no soportaba ese tipo de sentimentalismos. El primero en entrar a ver a Charlie fue Harry, y después lo hizo su compañero Vince. Las últimas en entrar fueron Andrea y Mariana.
—Estoy suspendido, ¿verdad?
—Por supuesto que sí. Desobedeciste mi orden, Charlie. Pudiste morir.
—Lo siento.
—Eres un impulsivo. Tenías que haber esperado —comentó Mariana; todavía no se arreglaban las cosas con Andrea.
—¿Sabes lo que sentí al verte inconsciente en el piso lleno de sangre? —Ambas chicas intercambiaron miradas.
—¿Te preocupaste?
—Claro que sí, tonto. Eres mi amigo.
—¿Detuvieron a Shadow? —preguntó con un suspiro—. Díganme que sí, porque soy capaz…
—Vince y Kissy lo hicieron. La investigación sigue en curso y hay algunas cosas que se deben aclarar.
—¿Cómo cuáles?
—El cómo lograba hacer magia sin que el ministerio interviniera.
—¿Creen...?
—No lo sé; no podemos hacer ese tipo de conjeturas ni acusaciones.
—Todo sea por mantener la buena relación entre ambas naciones. —De nuevo las miradas de ambas chicas se conectaron, hasta cierto punto con tensión.
—¿De qué me he perdido?
—De nada —respondió esta vez Mariana, restándole importancia.
Charlie, al salir del hospital, regresó al trabajo; también pidió un traslado temporal para seguir en la investigación. Por órdenes de Harry, y por sugerencia de Miranda, debían tratar de recaudar la información necesaria sin tener que intervenir en Bélgica.
Recientemente un equipo de aurores, liderado por la bruja Andrea Green, mejor conocida por su pasado turbio; viajó a Bélgica. El ministro muggle de dicha entidad pidió ayuda al ministro inglés: Kingsley Shacklebolt, quien accedió con tal de mantener la buena cordialidad entre ambas naciones. Un pequeño pueblo bastante pintoresco, Brujas, estaba aterrorizado por el narcotráfico. Se rumorea que, Green al estar al mando, llevó a la misión a sus más cercanos amigos; entre ellos a Kissy Weasley y Mariana Somender. Esta última, asistente de nada más y nada menos que Miranda Cavanaugh, jefa del departamento de Cooperación Mágica Internacional. ¿Qué habrá sucedido que dicha joven haya viajado con ellos? ¿Gustav Flitwick y Mena McGonagall fueron sustituidos por esta chica? ¿Será que existen tensiones entre los países cercanos?
Pudimos confirmar que la misión resultó casi un éxito; mediante un plan y varios artilugios muggles, lograron capturar al líder de esta banda, que resultó ser un mago. De renombre entre el mundo mágico, o lo era, hasta el ascenso del Innombrable. El auror belga, Charlie Blackwood resultó herido en dicha misión. Nuestra fuente nos dice que los belgas no están contentos por el caso y esperan que Bastian Shadow termine siendo enjuiciado por sus delitos en su país. Por supuesto que los aurores ingleses no están de acuerdo; también sabemos que Green tuvo mucho que perder con el resultado de la misión. Algunos nos afirman que tuvo una acalorada discusión con Somender. Al parecer, la acusó de importarle más la política que la vida de sus propios amigos. La asistente de Miranda estudió una temporada en Uagadou, donde conoció a Blackwood, de ahí su amistad. ¿Será que, después de terminar su relación con el famoso jugador de quidditch, Cristián Wood, está interesada en el auror? Porque algunos nos indican que Green mantenía una relación con su compañero, Alexander Mason; la cual culminó. El departamento de aurores está buscando la forma de mantener el reconocimiento, y si es posible, mandar a Azkaban a Shadow; quizás a un costo muy alto sin tener importancia los acuerdos rotos. Es posible que, por esta misma causa, Miranda Cavanaugh infiltró a su asistente, para evitar más desastres de los aurores. Quizás se haya cansado de los daños ocasionados por Green y su constante pelea con Connor Reed.
Andrea dejó de leer el artículo del Profeta. Estaba molesta; una vez más su nombre salía a relucir. Bufó mientras fragmentos pasaban en su mente: infiltró a su asistente; el argumento no era tan descabellado, sino fuera porque conocía muy bien a su amiga y porque le costó mucho que Miranda accediera a prestar a su asistente. No le había agradado la idea de que se fuera, por quién sabe cuánto tiempo, a una misión con un grupo de personas que, aunque no le gustaba aceptar, eran demasiados impulsivos. Y ella ¿enamorada de Charlie? Eso era imposible.
—¿Cómo es que siempre tengo que aparecer en primera plana? —preguntó a la nada mientras dejaba el periódico encima de su escritorio.
—Andy, te necesitan en la sala de interrogatorios. —Apareció Logan en su oficina, lo que hizo distraerse un poco. Él seguía entrenando con Alexander, pero también se hacía presente en el caso.
—Ya voy. Gracias. —Harry convocó a una junta; tenía que hablar de un asunto muy importante con sus aurores—. Siento la tardanza.
—Toma asiento, Green. —Su jefe hizo un ademán—. Tengo que informarles que el asunto de Bélgica nos está trayendo demasiados problemas.
—¿Entonces es verdad que se lo quieren llevar? —preguntó molesta Kissy—. ¡Nosotros hicimos el trabajo que los ineptos belgas no pudieron!
—Ya sé, Weasley.
—¿Qué dice Cavanaugh? —Vince tampoco estaba de acuerdo con lo ocurrido.
—Debemos sacar la confesión para poder tener argumentos sólidos en su contra.
—¡Pero si la tenemos! —expresó Charlie.
—Tenemos su confesión por los delitos muggles, pero debemos saber cómo es que hacía magia sin que nadie interviniera. Así que, Green, entrarás ahora mismo a tratar de que hable.
Sin decir nada más, salió de la sala para ir al cuarto de interrogatorios. Andrea, antes de entrar, respiró; todavía se encontraba alterada por la nota del periódico, pero tomó aire para controlar sus emociones y así no perder los estribos como la última vez. Entró acompañada de su jefe; Bastian Shadow sonrió arrogantemente.
—¿Vienes a avisarme que tu amiguito se murió?
—Vine a avisarte que se te agota el tiempo. Es mejor que comiences a hablar.
—Ya dije que no lo haré. No al menos a alguien que me pueda defender. Y para eso me gustaría a la bella señorita que me engañó. ¿Quién es? —Al parecer quería seguir con la misma estrategia que usó antes; sacarla de sus casillas.
—No te incumbe; ya no seré tan indulgente contigo.
—Tengo derechos.
—Tus derechos los perdiste cuando quebrantaste las reglas, Shadow. —Andrea tomó asiento enfrente de él y se recargó sobre la silla con una postura relajada.
—¿Por qué quieres seguir perdiendo el tiempo, eh Green?
—¿Quieres hacer esto por las malas?
—¿Me volaras los sesos con un arma? —Su pequeña sonrisa se ensanchó aún más, pero se sorprendió ligeramente al ver la reacción del auror.
—Me encantaría, pero no. Creo saber que conoces esto, ¿no? —La castaña sacó una pequeña botellita con líquido transparente de entre su túnica—. Te doy la oportunidad de que hables voluntariamente.
—No te atreverías…
—Pruébame.
—Te sientes muy valiente —Andrea se sentó bien para enfrentarse cara a cara con Bastian.
—Unas gotas. Unas gotas para que todos tus secretos sean revelados —habló con una voz casi en susurro, pero amenazante.
Su sonrisa desapareció al notar que la chica hablaba en serio. Tragó en seco. No podía permitirse que sus más arcanos pensamientos los supieran. Por lo que comenzó a hablar de lo que sabía.
—¿Dijo algo? —preguntó Vince impaciente apenas al verlos salir del cuarto.
—Voy a convocar una reunión urgente. Nos encontramos ante un asunto grave. —Sin decir nada más, Potter salió caminando rápidamente rumbo a su oficina.
—¿Qué pasó? —preguntó Kissy—. ¡Habla, Green!
—Alguien lo cubría en el ministerio. No dijo quién, sólo que le pagaba a un tipo mediante varios de sus sirvientes. Él nunca intervino.
—¿Cómo? ¿Un traidor? —Charlie no lo podía creer; él estuvo mucho tiempo trabajando en el ministerio belga.
—Es imposible.
—¿No dijo quién?
—No.
—Tengo que prepararle el informe. Piensa hablar primero con Cavanaugh y ver qué procede.
—Tú ¿qué piensas? —preguntó de pronto Charlie tomando su brazo.
—Que hay que ser cautos con la información.
No supo cuánto tiempo estuvo encerrada escribiendo el informe, sin mencionar que todavía seguía al frente de la academia; poco a poco tomó sus funciones con normalidad, aunque le estaba costando mucho. Su energía y atención estaba enfocada en el caso de Shadow. Revisó sus notas; tenía que ser muy explícita con los detalles, en especial porque no quería que todo se complicara. Necesitaba terminar esto de una buena vez y que los altos mandos no pusieran una excusa. Quería a Bastian en la prisión.
—Vengo a entregarte un informe. —Mariana estaba parada enfrente de ella. Andrea dejó la puerta abierta. La miró sorprendida por su repentina aparición—. Miranda me pidió que te lo entregará a ti. Imagino que se lo mostrarás a tu jefe.
—Oh… bien, gracias. —Comenzó a revisarlo—. Shadow habló —dijo de pronto antes de que su amiga se fuera.
—¿Ah sí?
—Sí. ¿Es verdad que piensan extraditarlo? ¿Sabes algo?
—Está difícil.
—¿Es posible?
—Puede ser. Pero podría tardar un tiempo.
—Por eso tu jefa, ayudó.
—Lo siento, no puedo decirte más.
—Deberían tener cuidado con la información. —No estaba conforme con la respuesta que le dio. Entre ambas había tensión. Mariana se mostró interrogante, a lo que Andrea, antes de salir de su oficina, le entregó el periódico—. Al parecer, Miranda te infiltró en el departamento.
Harry estuvo intrigado con lo que dijo Bastián Shadow, aunque tampoco se permitía hacer ese tipo de conjeturas. Le intrigaba lo ocurrido; sus hombres actuaron conforme debían hacerlo. Tampoco ayudó que el Profeta estuviera metiendo las narices y los hicieran quedar como unos idiotas. Si apoyó la sugerencia de Green de incluir a Somender, era porque confiaba en su criterio y porque él, personalmente, tuvo la oportunidad de conocer sus habilidades. Caminó por los pasillos para encerrarse en su oficina; quería consultar a Hermione, saber su opinión al respecto. Convocó a una reunión urgentemente con Miranda; él también opinaba que debían seguir indagando en Bélgica.
—¿Qué sucede, Potter? ¿Por qué la urgencia en esta ocasión?
—Bastian Shadow habló.
—¿Veritaserum?
—No, por su propia voluntad. Afirma que, por medio de intermediarios, evitó que el ministerio interviniera siempre en sus planes. Alguien de adentro, ayudó.
—¿Sospechas que alguien está inmiscuyéndose? —Miranda no estaba convencida de lo que estaba escuchando.
—Posiblemente.
—¿Estás insinuando que hay un traidor?
—Debemos investigar, Miranda. Ya no puedo quedarme sentado a no hacer nada. Quiero cerrar este caso y mandar a juicio a Shadow.
—Lo siento, Harry. Pero… —suspiró, ella también quería que ese asunto se terminara de una buena vez. Tenía otros asuntos que atender—. Esta mañana enviaron un memo. Al parecer es un hecho de que Bélgica quiere a Bastian Shadow de vuelta para juzgarlo.
—Qué conveniente. —El pelinegro sentía una irritación por el rumbo que estaba tomando el caso—. Tienes que hacer algo. No puedo entregarlo así porque sí. El trabajo de mis aurores, ¿dónde queda?
—Ya sé, créeme que estoy haciendo lo posible, pero de esto también dependen diversos tratados.
—Kingsley ¿qué dice? Porque imagino que ya hablaste con él.
—No quiere mantener una enemistad con nadie ni generar conflictos.
Hasta ese punto, Harry ya estaba frustrado. Comenzó a dar vueltas por la sala de reuniones mientras que Miranda lo observaba. Ella quería darle buenas noticias, y poder librarse de eso; tenía que darle crédito al departamento de aurores, ya que no siempre causaban un desastre. Hasta el momento se estaban comportando a la altura sin causar más problemas. Mientras que ambos jefes estaban discutiendo la situación y repasando las opciones que tenían disponibles, la asistente de Miranda la esperaba afuera. Llevaba varios documentos en los brazos; revisó cada pergamino una vez más con la intención de que no se le fuera a escapar nada importante.
—¿Qué haces aquí? —Su amiga iba caminando hacia ella. Esperaba no tener una discusión como la última vez, en donde medio mundo se enteró.
—Miranda está adentro —respondió sin levantar la vista de los documentos—, y me pidió que la esperara.
—Supongo que mi jefe se encuentra ahí adentro. Harry me dijo que convocaría una reunión —respondió indiferente—. Me pidió un informe y vengo a entregárselo.
—Pues tendrás que esperar.
—¿Sabes de lo que están hablando? ¿Hay alguien más con ellos?
—No, no lo sé.
—Algo me dice que si lo sabes.
—Andrea…
—Se supone que estamos en el mismo bando ¿o no? —Mariana suspiró ante la insistencia.
—Es un hecho de que Bélgica quiere a Shadow.
—Dime algo que no sepa ya. —Cruzó sus brazos y se recargó cerca de la puerta esperando una respuesta.
—Acaba de llegar un memo con la orden.
—Shadow no se va de aquí. —Sonrió mientras negaba con la cabeza.
—Entiende, no puedes esperar que todo se haga como tú dices.
—No puedo creer que esté pasando esto. —De nuevo estaba a punto de soltar su mal genio—. Fue mi misión, mis hombres —dijo mientras hacía énfasis tocándose el pecho—, y su vida la que estuvieron de por medio, para que algunos ineptos, que no hicieron su trabajo, pretendan lavarse las manos.
—No tienes certeza de que alguien le estuvo ayudando.
—Necesito hablar con mi jefe; no se va a quedar así. —Apenas tomó el pomo de la puerta cuando se lo impidió Mariana.
—Es mejor que te calmes. Las cosas no son tan simples como parecen.
—¿Cómo son?
—Green, te conozco. No te metas en esto. Empeorarás la situación.
—Tú no tienes… —Pero fue interrumpida por un patronus.
—Custodio en escape. Requerimos apoyo. Va al atrio.
—¡¿Qué?! —Tomó su varita fuertemente—, informa a Harry y a Miranda; tengo que detenerlo. —Salió corriendo sin esperar una respuesta por parte de su amiga, pero no le hizo caso, ya que iba detrás de ella.
La alerta se activó; dieron la orden de sellar las salidas y cada una de las chimeneas. Tenían en mente que buscaría llegar al atrio y así salir. Aunque era una misión suicida, esperaban que no lograra salir. Fueron demasiadas rápidas en llegar al atrio y sólo se encontraron con la gente habitual: magos y brujas que iban y venían.
—¡¡¡DÉTENTE!!! —gritó Andrea al verlo correr con varita en alto—. ¡Te lo advierto! —Los magos y brujas que estaban cerca corrieron a refugiarse, sin saber qué era lo que estaba ocurriendo; otros lograron salir de allí antes de que sellaran las salidas.
—Vaya, te acompaña la bella señorita Kelly Wood, ¿no?
—Mejor entrégate. No empeores las cosas.
—¿Cómo qué? —No repararon en que logró robarle la varita a alguien. Apuntó a una de las salidas donde las personas seguían allí, cerca de dónde se encontraban ambas—. ¡DEVASTO!
—¡¡NO!!
Hubo una explosión colosal que resonó; por el sonido parecía que hubiera explotado el lugar. Fragmentos de escombros volaron en todas direcciones junto con una nube impenetrable de espeso polvo blanco. Andrea voló por los aires y chocando contra el suelo; era incapaz de ver mientras los escombros llovían sobre ella con los brazos sobre la cabeza. Oyó el grito de Mariana y una serie de escalofriantes chillidos de las personas que no tuvieron tiempo de reaccionar o resguardarse; por lo que terminaron sepultadas. Medio enterrada trató de levantarse. Apenas podía respirar, o ver, a causa del polvo. La mitad de las columnas y algunas chimeneas colapsaron.
—Me fastidiaron el negocio; y eso no se puede quedar así ¡AVADA KEDAVRA!
Andrea siguió aturdida por la explosión; ni siquiera abrió la boca para resistir. La mente estaba en blanco y la varita apuntando inútilmente al piso. Una barrera mágica de protección apareció entre ella y Bastian. El hechizo apenas rebotó; de nuevo levantó su varita y otro destello de luz verde pasó como un rayo hacia Mariana. Una onda de energía la empujó hacia atrás, alejándola de la pelea.
—Fue una tontería tratar de escapar. Los aurores vendrán pronto.
—Si pueden librarse… —Rio con arrogancia—, me duele tener que matar a una hermosa mujer como tú.
Envió otra maldición mortal a Somender, pero falló. En cambio, le dio al escritorio del guardia de seguridad, que ardió en llamas. La joven agitó la varita; la fuerza del hechizo, que emanó de la punta, fue tal que esta vez Bastian se vio forzado a conjurar un escudo plateado y brillante de fino aire para reflejarlo. El hechizo, cualquiera que fuera, no causó ningún daño visible al escudo, aunque un sonido como el de un gong, reverberó de él.
—No pretendes matarme, ¿verdad? —Preguntó él, aguzando los ojos sobre el borde de su escudo—. ¿Se encuentra por encima de tus principios?
—Hay otras maneras de destruir a un hombre —replicó Mariana como si estuviera hablando del día con total tranquilidad.
—Sólo el tomar tu vida no me satisfaría, lo admito.
Andrea sintió miedo de ver a su amiga, de pie tranquilamente, indefensa, sin escudo; quiso gritarle una advertencia, pero el hechizo que le lanzó seguía manteniéndola paralizada. Otro destello de luz verde salió de atrás del escudo plateado. Mariana se vio obligada a resguardarse por una barrera de protección, pero Bastian aprovechó ese momento para conjurar fuego; tomó la forma de una serpiente siseando furiosamente para enfrentar a la chica. La serpiente se levantó del piso lista para atacar.
—¡Cuidado! —gritó Andrea poniéndose de pie y realizando el contra hechizo para desaparecer el fuego. Pero mientras gritaba, otro destello de luz verde voló hacia ellas desde la varita de Shadow. La maldición pasó cerca de ambas, pero todavía el mago tenía una as bajo la manga.
—¡CONTRACTURO! —El hechizo le dio en el brazo derecho de Green; sofocó un grito. No había sentido tal dolor desde aquella vez que se lesionó en sus años de estudiante. Cayó de rodillas jadeando y siseando.
—¡MIMBLE WIMBLE! —Un chorro de luz azulada salió de la varita de Mariana. Bastian quiso defenderse, pero de su boca no salía ningún sonido.
—¡Desmaius! —Apuntó Andrea, logró recuperarse lo necesario para culminar con el duelo, pero fue suficiente para que terminara desmayándose.
El eco de voces en el vestíbulo comenzó a escucharse. El atrio estaba lleno de gente; el piso reflejaba las verdes llamas de las chimeneas que se encontraban a lo largo de la pared, una gran cantidad de magos y brujas emergían de ellas. Harry, junto con varios otros aurores, estaban ahí poniendo de nuevo en custodia a Bastian. Andrea abrió los ojos; todavía estaba aturdida por lo ocurrido. El hombro le punzaba terriblemente.
—¿Te sientes bien, Andy? —preguntó su amiga preocupada.
—Sí —contestó temblando tan fuertemente que no podía sostener su cabeza apropiadamente—. Creo que me dislocó el hombro, ¿dónde está Shadow?
—¡Green! ¡Somender! —gritó Potter al verlas—. ¿Están bien? —La castaña se quiso poner de pie; Mariana no creía que fuera buena idea, sin embargo, le ayudó tomando del brazo lastimado. Su amiga reprimió un grito de dolor, su rostro adquirió un color verdoso.
—Andrea debe ir a San Mungo.
—No iré a ningún lado hasta que me expliquen cómo rayos es que Shadow escapó. —Estaba haciendo un enorme esfuerzo para mantenerse en pie.
—Yo también quisiera saber lo mismo. —Han llegó hasta donde estaban los tres. Se notaba fastidiado—. Me perdí de un duelo formidable.
—Lo subestimamos. Logró aturdir al guardia y le robó la varita. Evitó a toda forma que los aurores lo persiguieran. Una trampa. Nos costó demasiado poder subir al atrio; quisimos desaparecer, pero también nos hizo un hechizo antidesaparición.
—Creo que algo está fallando, Potter.
—Lo sé, lo sé.
—Espero que, con esto, Somender, ya no defiendas tanto la política.
—Créeme que en esta ocasión hay que refundirlo en Azkaban.
—No estoy más de acuerdo con ustedes. —Harry estaba sorprendido por lo ocurrido—. Ahora señorita Somender, hágame el favor de llevar a mi auror a San Mungo. No quiero quejas Green —dijo antes de recibir una réplica—. Y buen trabajo —mencionó antes de que desaparecieran por una de las chimeneas.
—Creo que ya soy cliente frecuente aquí. —La joven trataba de restarle importancia a la situación al llegar al hospital.
—Sí, eso parece. No puedes seguir comportándote como un…
—¿Qué?
—Un idiota león impulsivo. —Puso los ojos en blanco como siempre lo hacía cada vez que se exasperaba; a lo que recibió una carcajada.
—Gracias por salvar mi vida. Sigo apostando a que serías una muy buena auror. Y apuesto a que tu padrino piensa igual.
—Ay Green. ¿Qué serías sin mí?
—Un bien portado gryffindor.
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